Los inmuebles más bonitos del mundo

Una casa en las montañas suizas; estas palabras bastan para proyectar una imagen idílica en la mente del más pintado. Villa Vals rompe radicalmente con este cliché, encastrada en pura roca a las afueras de la localidad de Vals, en el cantón de los Grisones. Unos arquitectos de Ámsterdam y Rotterdam han soterrado la tan inusual como sorprendentemente luminosa residencia a fin de no obstruir la vista a las famosas termas de Vals.

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Una singular mina residencial: la Villa Vals 

Con el fin de no interferir en el paisaje alpino, Villa Vals se ha excavado bajo las verdes laderas montañesas del pueblo grisón de Vals. Tan orgánicamente encastrada en la roca, tan radicalmente rompe la casa con el estilo arquitectónico tradicional de los Alpes.

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Oteando desde lo alto no se ve nada de Villa Vals. En la pradera hay un granero de esos típicos de los Grisones, pero ¿hay algo más? Pues sí: la casa misma, bien escondida en las rocas. Bjarne Mastenbroek, del estudio SeARCH de Ámsterdam, y Christian Müller, del estudio Christian Müller Architects de Rotterdam, han diseñado una casa de vacaciones de lo más singular en Vals, en el cantón de los Grisones-

Por lo general, los arquitectos conceden gran importancia a que sus edificios sean visibles desde lejos; no es el caso de Mastenbroek y Müller. Con el fin de no obstruir las panorámicas del paisaje alpino hicieron la obra de hormigón “visto” –qué cosas…– precisamente bajo tierra. “Por eso no podíamos hacerlo de otra manera –confiesa Mastenbroek– y porque justo tenemos de vecinas las famosas termas diseñadas por Peter Zumthor. Si hubiéramos construido por encima del suelo, las vistas al pueblo habrían desaparecido”. Luego se añadieron las especificaciones de protección contra avalanchas, por las que el muro trasero de una edificación debe tener una fuerza concreta y ninguna ventana. “Así que construimos el edificio dentro de la montaña”.

Los arquitectos volaron la roca para crear la incisión donde insertaron un elegante paisaje habitable de dos plantas en la topografía de la colina, con vistas panorámicas a las montañas en la apertura. Por razones estructurales, el edificio está provisto en el interior de una cáscara de hormigón continuo. De esta manera, el nuevo edificio queda asegurado con un impecable armazón contra el movimiento de la montaña. Para el aislamiento térmico, el espacio entre la carcasa de hormigón y la roca se ha rellenado con hormigón celular. Imprescindible seguir estilísticamente en armonía con la naturaleza: el frente exterior curvado hacia el interior está cubierto con cascotes de la zona. La fachada orientada hacia el sur se interrumpe con diversos ventanales de gran tamaño y a diferentes alturas, ya que en la casa hay “medias plantas”. Justo delante de la casa hay una terraza exterior elíptica, envuelta en los muros que son la extensión de las paredes laterales de la casa, dando un círculo como resultado a vista de pájaro.

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Pero, volviendo al granero grisón cercano a la, digamos, “excavación minera” y que luce el estilo típico de esta zona: la planta superior, practicable desde la colina, es el granero o pajar; el sótano, accesible desde el valle, se emplea comúnmente para el ganado. Los arquitectos de Villa Vals han convertido su granero en un edificio de recepción. Arriba se puede aparcar un coche, y guardar el material de esquí en la parte de abajo. Desde aquí parten los 22 metros de pasaje subterráneo hacia a la casa. “Aquí le hemos dado un punto de teatralidad –reconoce Bjarne Mastenbroek–: el túnel no es recto, sino como una bayoneta, por lo que hay que curvar ligeramente la trayectoria; hay dos claraboyas que proporcionan luz natural; al final, se sube una escalera de unos seis metros que conduce a dos puertas: una lleva a la casa; la otra, directamente a la terraza”.

Ya en el interior, el momento “¡ajá!” llega al descubrir lo inesperadamente luminosa que es la excavación. Sólo la zona de estar y la cocina cuentan con un frente acristalado de 50 m2 orientado al sur. Cierto es que las panorámicas se hacen con el papel principal; incluso desde cada uno de los cuatro dormitorios con sus respectivos baños se ven las montañas al otro lado de la terraza. Las grandes cristaleras en diferentes semiplanos son la razón por la que la construcción, a pesar de su localización perfecta tipo búnker, irradia generosidad y apertura de espacios en todas sus estancias. “Lo más bonito es cuando hay al menos medio metro de nieve en el suelo –dice el arquitecto–; es entonces cuando todo se torna en un paisaje blanco casi irreal y uno se siente especialmente cobijado por la casa”.

Visualmente, el hormigón en obra –hormigón que se fragua en la construcción en un encofrado– caracteriza el look: en las superficies se han mantenido a la vista las vetas y juntas de fundición del revestimiento. Los elementos constructivos en madera natural crean un contraste acogedor; entre estos se incluyen los marcos de las ventanas, los paneles de los muros y las puertas.

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Entre los mayores desafíos, según Mastenbroek, destacaba la iluminación. Sólo cuando vives en una casa, a posteriori, se confirma si el concepto original de iluminación era el correcto. Cambió de módulos a lámparas, y elucubró si éstas quedarían mejor colgantes o de pie… El resultado es fabuloso. Parte primordial de tal éxito fue decidirse por las lámparas de la archifamosa diseñadora holandesa Hella Jongerius: sobre la mesa de madera maciza de la cocina, de varios metros de largo, cuelgan diferentes versiones de la célebre luminaria Blossom que diseñó la Jongerius para la marca suiza Belux. El diseño holandés domina claramente el interior del inmueble vacacional. Objetos originales de iconos del diseño contemporáneo como Marcel Wanders, Demakersvan o Scholten & Baijings rompen el carácter más bien austero de la casa y se integran en el plano abierto de la planta baja y a su vez con la zona de estar y la cocina, así como con las habitaciones superiores, a las que se accede por la escalera de la zona de estar.

Incluso en la terraza aparece un diseño moderno de los Países Bajos: la bañera Dutchtub de Floris Schoonderbeek. A la cubeta sobredimensionada de poliéster azul celeste se le han añadido un calefactor espiral y una estufa en forma de cesto con los que, en invierno, calentar el agua para el baño, sumergirse y disfrutar el ambiente del exterior. “Aparte de la arquitectura y el interior, lo grandioso de esta casa es la tranquilidad absoluta –sentencia Bjarne Mastenbroek–. Como arquitecto veo y trabajo en muchas casas de mil estilos, pero no sé de ninguna otra que se acerque ni por asomo al silencio de Villa Vals. Por supuesto, se debe en gran medida a su ubicación en las afueras, pero también a la forma de su construcción, ya que está casi completamente rodeada de montaña y equipada con triple acristalamiento. Por otra parte, resulta extraordinariamente íntima: la terraza y, cómo no, el acceso a través del viejo granero, ofrecen la máxima privacidad. Para alguien que no quiera ser molestado, tanto para esquiar en invierno o practicar senderismo en verano, o ciclismo o, simplemente para relajarse, la casa es perfecta”.

Más información: GG Magazine

TEXTO: Uta Abendroth

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