Las tribulaciones de los superricos

The_Thrills_Of_The_Super_Rich_FBLos Beatles cantaron en su famosa canción que el dinero no compra el amor (money can’t buy me love), pero si hay que fiarse de un reciente estudio sobre los hábitos de consumo de las personas más ricas del mundo, el amor es prácticamente lo único que no se puede comprar.

El estudio, dirigido por Boston Consulting Group, muestra que los millonarios del mundo han dejado de gastar tanto en bienes de consumo para pasar a vivir experiencias. En 2013 gastaron 1,1 trillones de libras en bienes de lujo y “experiencias” como cenas gourmet, deportes extremos y subastas de arte. Un portavoz de BCG comentó que este cambio en los gastos refleja un cambio en la definición de lujo; está “cambiando rápidamente de ‘tener’ a ‘ser’”.
Psicológicamente hablando, las experiencias nuevas y excitantes tienen un impacto positivo sobre los cambios de humor: así que parece que los superricos finalmente han encontrado la forma de comprar la felicidad.

Hay algunas cosas que el dinero siempre ha podido comprar, incluyendo la habilidad de dar la vuelta al mundo sin mucho preámbulo. No obstante, estos días los viajes de lujo son más aventureros, ahora los superricos usan su capital para conseguir acceso a regiones remotas del globo. En 2013, se gastaron unos 460 mil millones de dólares en este tipo de viajes, incluyendo una visita a la Antártida y safaris de lujo. Un multimillonario chino gastó 1,5 millones de dólares en unas vacaciones de dos años en las que visitó casi un millar de los lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. 

Para algunas de las personas con el más alto poder adquisitivo, sin embargo, el mundo literalmente no es suficiente. Después de años de rumores de que el turismo espacial se convertiría pronto en una realidad, los informes sugieren que los millonarios de Silicone Valley se han comprado asientos en Virgin Galactic, que está en sus últimas fases de prueba. Un vuelo comercial al espacio le costará unos 250.000 dólares, hasta la fecha unas 600 han decidido que el precio es bueno y se han apuntado como astronautas amateur.

Por supuesto, incluso la comida puede convertirse en un gasto importante si sale a cenar con regularidad a los restaurantes más exclusivos y elegir probar los ingredientes más exclusivos. El octubre pasado, un oligarca ruso gastó 95.000 dólares en una trufa blanca, a la vez que la inversión en vino se ha hecho más popular entre los que desean especular mientras cuidan sus bodegas.

Pero no se trata solo de gastar, no obstante: la propiedad inmobiliaria sigue siendo una adquisición popular entre los superricos. La mayoría de los millonarios tienen una serie de residencias vacacionales alrededor del mundo, mientras que a otros, como Ellen DeGeneres, les gusta renovar sus casas según sus gustos para acto seguido seguir buscando su siguiente mansión en el mercado. Algunos famosos incluso usan las propiedades de lujo como regalo de cumpleaños: el año pasado Angelina Jolie se gastó 12,2 millones de dólares en una isla con forma de corazón para su marido, Brad Pitt, junto con dos propiedades diseñadas por su arquitecto favorito, Frank Lloyd Wright.

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Publicado por en Properties.


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