Edición
02/25
Ubicación
Sorrento, Italia
Fotos: Courtesy of Hotel Excelsior Vittoria / Tyson Sadlo
Propiedad familiar desde hace cinco generaciones,con unas magníficas vistas al golfo de Nápoles, como si de un cuadro se tratara: el mítico hotel Excelsior Vittoria de Sorrento cautiva a sus huéspedes con su carácter, elegancia y gran atención al detalle.
Equí arriba, todo parece posible. A cualquiera que haya puesto un pie en la terraza que domina el escarpado acantilado le resultará difícil olvidar la vista inigualable y la sensación de felicidad que despierta este panorama sublime: justo enfrente se alza el Vesubio y hasta el horizonte hay matices infinitos de azul, salpicados por yates que se mueven a cámara lenta sobre las olas centelleantes del Mediterráneo.
En 1921, el legendario tenor Enrico Caruso cantó aquí por última vez ante el público. Murió poco tiempo después de la actuación y la suite Caruso rinde homenaje a su memoria: aún se conserva su piano y en las paredes cuelga una colección de cartas privadas y fotografías históricas. Al Grand Hotel Excelsior Vittoria no le han faltado jamás huéspedes famosos: desde Richard Wagner, que terminó de escribir aquí parte de Parsifal, hasta Catalina la Grande, la princesa Margarita de Inglaterra, Jack Lemmon y Sophia Loren, pasando por Gerhard Richter, que ha retratado el edificio.

El Grand Hotel Excelsior Vittoria se encuentra en Sorrento, una pequeña ciudad en la Costa Amalfitana, a poco menos de media hora en coche de Positano. Desde su inauguración hace más de 190 años, el hotel ha sido propiedad de la misma familia. De hecho, algunos de sus empleados tienen padres y abuelos que ya trabajaron aquí. Las habitaciones están decoradas con una selección de codiciadas antigüedades, por lo que no hay dos iguales.
Cuando éramos pequeños, a mi primo y a mí no se nos permitía pisar el hotel después de las cinco de la tarde. Intentábamos colarnos y echar un vistazo a los elegantes comensales reunidos para cenar
Un lugar acogedor desde hace generaciones
En el siglo XIX, el Excelsior Vittoria era el hotel más moderno de la zona, ya que disponía de cuartos de baño privados, afirma Guido Fiorentino, descendiente del fundador del establecimiento. Inicialmente, Fiorentino había elegido una carrera en la industria del cuero, pero cuando su padre le preguntó si quería formar parte del Consejo de Administración del hotel, le pareció una tarea tan enorme que pidió un mes para pensárselo. A falta de una formación específica en hostelería, aprendió de su padre, con quien trabajó estrechamente hasta su muerte, y desde 2010 está al frente del hotel. Ya de niño oía discursos como este: «Viene la señora de tal y tal, a la que tanto le gusta el tiramisú. Hay que preparar mucha cantidad». Una vez acudió a visitar a un huésped habitual de Manhattan, un personaje muy adinerado que tenía obras auténticas de Picasso en las paredes de su casa. Fiorentino le llevó una conserva de tomates pelados del huerto del hotel. Los guardaría para una ocasión especial, anunció el neoyorquino, como si de un gran vino se tratara.


En armonía con la naturaleza y la tradición
El encanto del hotel se revela nada más entrar en el jardín. Una puerta de hierro forjado se abre en el bullicioso centro de la ciudad, coronada por un gran letrero dorado de estilo art nouveau que reza: «Excelsior Grand Albergo Vittoria». La exuberante vegetación del jardín, dispuesto como un parque, absorbe milagrosamente el ruido del tráfico y el murmullo de los transeúntes. Al fondo del jardín, se llega al luminoso vestíbulo pasando junto a limoneros, hortensias, buganvillas y palmeras. Bajo una pérgola cubierta de espléndidas glicinias se encuentra un bar de champán. El año pasado, la revista Travel + Leisure reconoció al Grand Hotel Excelsior Vittoria como el mejor resort de Italia.

El hotel está conectado con la playa y el puerto deportivo mediante un ascensor. Los antiguos romanos utilizaban un túnel para descender, que hoy sigue siendo parcialmente visible. Pero, por mucho que esté ligado a la tradición y se incline ante el pasado, el hotel no deja de seguir el ritmo de los tiempos: su perfil en Instagram tiene ya once años; los hijos del actual director, Luca y Peter, son expertos en el campo digital y, algún día, serán la sexta generación que gestione el hotel.
Sin embargo, ni siquiera ellos cambiarán mucho. Los exteriores son intocables, gracias a las estrictas restricciones impuestas por las autoridades. Incluso la relación con los huéspedes se rige por un código peculiar. Guido recuerda el consejo de su padre: hacer felices a los clientes es lo más importante, ¡tan felices que estén un poco tristes cuando semarchen! Solo entonces se puede estar seguro de que todo se ha hecho bien, porque probablemente volverán. Para salvar la espera hasta la próxima visita, está la boutique online, que vende mermelada de naranja y aceite de oliva, obviamente de los terrenosdel hotel.
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