Un edificio de color crema de estilo neoclásico, con ventanas en arco y un tejado de tejas, rodeado de un jardín con hortensias y árboles.
Casa Señorial de Rogäsen

Un hogar para la Eternidad

  • Edición

    04/26

  • Ubicación

    Berlín, Alemania

Donde el paso del tiempo da lugar a las historias más bellas: tras muchos años llenos
de amor y dedicación, la centenaria casa señorial de Rogäsen abre sus puertas para
escribir un nuevo capítulo. Una propiedad excepcional, con un rico patrimonio que
inspira un futuro lleno de posibilidades.

Elegante vestíbulo histórico con una escalera de madera de formas curvas y una balaustrada de hierro forjado con decoraciones artísticas, papel pintado con motivos, una lámpara de cristal y un pedestal de mármol con flores.
La histórica escalera de madera del vestíbulo recibe a residentes e invitados con su elegante presencia.

Quien se acerca a esta distinguida propiedad señorial, situada en el distrito de Potsdam-Mittelmark, en Brandeburgo, percibe de inmediato su carácter único. Rodeada de imponentes árboles centenarios, la elegante residencia de Rogäsen, construida en 1765, se yergue entre las suaves colinas de la meseta de Karow. «Nos cautivó desde el primer instante. Vimos en ella un diamante en bruto», recuerdan Marion y Karl Geyer, propietarios de la casa, al recordar su primera visita. Con una pasión inquebrantable y en estrecha colaboración con el estudio de arquitectura Kühn-von Kaehne und Lange, de Potsdam, dedicaron años a una meticulosa restauración respetuosa con el patrimonio para devolver al edificio todo el esplendor de sus orígenes. Hoy, como en un cuento de hadas, las rosas trepan por la luminosa fachada y el pórtico y convierten esta residencia en un refugio íntimo y sereno para quienes, en palabras de los propietarios, «aman la vida refinada en el campo».

Al cruzar la puerta principal, se accede directamente al majestuoso vestíbulo. La histórica escalera de madera, con su ornamentada barandilla, parece concebida para una entrada memorable; resulta fácil imaginar a las damas y los caballeros de otra época descendiendo por ella con elegante naturalidad. La historia se percibe en cada rincón de la casa. La distribución barroca en enfilada —una sucesión de salones cuyas puertas se alinean perfectamente sobre un mismo eje— permite disfrutar de fascinantes perspectivas que atraviesan estancia tras estancia. 

Un elegante salón con paredes de color crema, una magnífica lámpara de cristal, ventanas en arco, un sofá beige, cuadros enmarcados y una alfombra estampada.
Las bellísimas ventanas de arco, las puertas correderas, los suelos de madera y los suaves tonos pastel confieren un carácter inconfundible a unos interiores inundados de luz.

Cada salón recibe a sus visitantes con delicadas molduras de estuco, suelos originales de madera maciza o piedra natural y una cuidada decoración en tonos tierra y colores pastel.
Hoy en día es posible celebrar bodas civiles en los salones de la chimenea y del jardín, así como en el pórtico. En la sala de música contigua, con su elaborado parqué histórico en forma de estrella, se puede admirar una estufa de cerámica de Meissen, pintada a mano y fechada alrededor de 1900, así como un histórico piano de cola de la prestigiosa fábrica de pianos Blüthner, de Leipzig. La suite Federico II, situada en el ala lateral y restaurada con un
extraordinario cuidado por el detalle,  rinde homenaje a esta brillante época. Todas las habitaciones de huéspedes son únicas y en ellas las antigüedades conviven con todas las comodidades contemporáneas. La habitación individual Voltaire, con vistas al amanecer, y la habitación doble Arcadia, presidida por un gran mirador y decorada en tonos verdes, son dos ejemplos: ambas despiertan la imaginación con un inconfundible aire nostálgico. Junto a la mansión señorial se halla la antigua casa del cochero, que antaño fue estación de postas y que hoy se ha transformado en una acogedora casa de huéspedes. Un refugio idílico con vistas a las históricas caballerizas y a la antigua iglesia de la finca.

Una sala elegante con un piano de cola negro, una lámpara de cristal, espejos con marcos dorados, columnas ornamentadas y un jarrón alto de porcelana junto a unas sillas doradas.
Testigos de un pasado esplendoroso: piezas excepcionales como la estufa cilíndrica de cerámica de Meissen y el piano de cola del salón de música evocan el alma histórica de esta casa señorial.
Una villa blanca con tejado de tejas rojas se alza en medio de frondosos árboles, rodeada de un césped bien cuidado con parterres circulares de arbustos y un muro perimetral de piedra.
El extenso parque y el conjunto del palacio ofrecen el escenario perfecto para momentos muy especiales.

Las grandes puertas de doble hoja se abren al jardín. La mirada recorre el pavimento de piedra dispuesto en damero hasta el pórtico cubierto de enredaderas y el parterre de casi mil metros cuadrados, presidido por una veleta dorada que gira suavemente al compás del viento. Más allá se extiende el parque de la propiedad, con una superficie de 3,5 hectáreas. Diseñado como un jardín paisajístico de estilo inglés a mediados del siglo XIX, con amplias zonas de césped, se funde armoniosamente con la vecina reserva natural de Fiener Bruch. Se trata de un paisaje de extraordinaria belleza que despliega todo su encanto en cualquier estación: en otoño, cuando la niebla envuelve los prados con un velo misterioso, o en verano, cuando el trino de las aves inunda el entorno. «Ruiseñores, cernícalos, el inconfundible canto de la oropéndola... Aquí el espíritu encuentra la calma», cuentan sus propietarios.

Elegante salón con paredes de color naranja, sillas doradas, una lámpara de araña de cristal, una chimenea de mármol, suelo de parqué y cuadros enmarcados.
La sala de la chimenea, con los remates barrocos de las puertas.

Hoy en día, la vida en esta casa señorial está impregnada de pasión y romanticismo. En ella, la grandeza de su pasado se funde con las más bellas historias de amor del presente. Ahora espera a quienes sabrán continuar su legado y escribir el siguiente capítulo de una historia verdaderamente excepcional.

Unas puertas dobles blancas dan a un jardín bañado por el sol, con una estatua de mármol, un seto recortado en forma redonda y un sendero de grava; en el interior, una lámpara de cristal cuelga del techo.
Las puertas batientes orientadas al sur y los amplios ventanales ofrecen unas vistas al jardín, elegantemente cuidado.

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Una joven sonriente, con el pelo rubio corto y pendientes de aro, de pie al aire libre frente a un edificio de piedra con detalles arquitectónicos ornamentados.

Merle Wilkening

Como redactora senior de GG Magazine, Merle Wilkening escribe sobre las personas, los lugares y las ideas que mueven nuestro mundo. Lo que más le apasiona es entrevistar a personalidades que transmiten su vocación con auténtico entusiasmo. Su curiosidad la lleva continuamente a viajar hacia el sol, en busca de encuentros singulares y de las historias que se esconden tras los destinos más fascinantes del planeta. Sus descubrimientos culinarios van desde el restaurante preferido del barrio hasta la alta cocina galardonada con estrellas Michelin.

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