Primer plano de una mujer con el pelo largo, castaño y ondulado, que lleva un top negro sin hombros y mira a la cámara ante un fondo azul oscuro.
Jennifer Garner

Señora feel good

  • 9 min leer
  • por Steffi Kammerer
  • Edición

    01/22

  • Ubicación

    Los Ángeles, California

Tiene el mismo efecto que un cóctel de buen humor. Hace repostería, canta, baila... y lo comparte con 11,4 millones de fans en Instagram. Durante la pandemia conquistó los corazones en pena con su película El día del sí. Pero Jennifer Garner no solo es la estrella de Hollywood más alegre; también es una agricultora ecológica con una misión: los niños y su alimentación.
La chica de la puerta de al lado y estrella de Hollywood de serie A. Jennifer Garner consigue este equilibrismo porque su alegría de vivir es genuina. Y contagiosa. Los 11,4 millones de personas que la siguen en Instagram saben cómo darle color al día a día. Ahora, esta supermamá se ha convertido en empresaria «eco». Un papel que parece estar hecho a su medida.

A finales de septiembre se presentó en Instagram con peto y katiuskas. Sentada, con las piernas cruzadas, el regazo lleno de calabazas que acaricia como si fueran bebés. Esta instantánea se tomó en Oklahoma. En una granja que en el pasado perteneció a sus abuelos. Un trocito de tierra que Garner volvió a comprar y que ahora gestiona su tío. Ahí cultiva una parte de la fruta y verdura que se utiliza en Once Upon a Farm. Una empresa especializada en alimentación bío para bebés y niños pequeños, de la que Garner forma parte desde hace cuatro años.

Calabaza, arándanos, berza, caquis, boniatos... Todo se cultiva a gran escala y se conserva a alta presión para preservar los nutrientes y las vitaminas. ¿Azúcar? De eso nada.

Mujer sonriente con el pelo castaño ondulado, que lleva un vestido negro sin hombros con un gran lazo de satén en el escote.
Foto: Mark Abrahams / Trunk Archive
Mujer sonriente con el pelo largo y castaño, que lleva un jersey gris de punto grueso y se sujeta el cuello; lleva un reloj y pulseras.
Foto: Andreas Sjodin / Trunk Archive

Jennifer Garner desempeña las funciones de «ministra de exteriores» de toda la empresa. Su contrato la obliga a intervenciones públicas en las redes sociales, un compromiso que le habrá costado lo suyo, puesto que su vida privada para ella es sagrada. Hace unos años, en 2013, luchó con éxito – junto con su colega Halle Berry – por el endurecimiento de la ley anti-paparazzi en California. Desde entonces, ya no se puede fotografiar a los hijos de la gente famosa. Pero Garner se ha tomado su nuevo rol muy en serio, haciendo de tripas corazón: pocos días antes de hacer pública su colaboración con Once Upon a Farm, la actriz debutó en Instagram.

Ahora le siguen 11,4 millones de personas. Su desenfrenada gracia convierte su canal en una fuente del buen humor. Sobre todo porque Garner se ríe preferiblemente de sí misma, algo raro en su círculo. Como cuando, recién salida del dentista, con la boca aún anestesiada, intenta recitar un trabalenguas. O cuando aparece, con una copa de vino en la mano, en medio de una montaña de ropa sucia o junto a un espantapájaros. Otras veces le lee pacientemente un cuento infantil a su perro Birdie, o la podemos ver montando una piscina de inmersión al son de música country. Otra escena: bailando un dueto con una amiga suya – primera bailarina neoyorquina – en su jardín con el gallinero de fondo. Animales tiene para aburrir: además de las gallinas, un perro, un gato y una colmena. Muy recomendable es también su Pretend Cooking Show. Ahí puede ocurrir que se le olvide poner la tapa de la batidora y el puré termine salpicando media cocina. Pero ¡ojo! Aquí no viene ninguna empleada doméstica a limpiar el desastre; de esto se ocupa ella misma.

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Jennifer Garner, la superestrella de la puerta de al lado, sin aires de grandeza, con cola de caballo y hoyuelos. Una madre al frente de una familia monoparental que después del confinamiento publicó un post aliviado porque sus hijos volvían al colegio, una mujer que se presenta ante sus seguidores despeinada y sin maquillaje. En el talk show nocturno de Jimmy Fallon contó hace años que ella y sus hijos tuvieron piojos; algo por lo que, tarde o temprano, pasan todos los padres. Solo que Garner salió de casa, con el producto antipiojos aún en el cabello, y se encontró nada menos que con George Clooney.

El thriller de espionaje Alias la hizo famosa; durante cinco temporadas brilló como agente doble; un papel que le valió un Globo de Oro y cuatro nominaciones al Emmy. Cuando la serie terminó en mayo de 2006, tenía 34 años y era una de las actrices más solicitadas de su generación. Se había casado con Ben Affleck el año anterior y estaba embarazada de tres meses de su primera hija, Violet, que hoy tiene 16 años y dos hermanos menores, Seraphina, de 12 años, y Samuel, de 9.

Durante una década – en Hollywood una eternidad – Garner y Affleck eran considerados la pareja perfecta. Luego, en junio de 2015, un día después de su décimo aniversario de bodas, comunicaron que se iban a divorciar. Hasta que eso realmente ocurrió, pasaron tres años. Después de la separación, Garner seguía diciendo que Affleck era el amor de su vida. Y él, a su vez, declaró en febrero de 2020 al New York Times que si de algo se arrepentía en su vida era de ese divorcio. Jamás se lavaron los trapos sucios en público. Aquello que tenían que arreglar se hizo con discreción y respeto mutuo. Y, desde luego, siguen siendo una familia: las Navidades se celebran juntos y los domingos dan paseos con los hijos.

Una familia de cinco miembros juega en la cama de un acogedor dormitorio; la madre está de pie sobre la cama con los brazos cruzados, mientras que el padre está arrodillado a los pies de la cama y los niños observan la escena.
Foto: Moviestore Collection Ltd / Alamy Stock Photo

Garner ha apoyado a su exmarido, incluso cuando él estuvo luchando contra su adicción al alcohol y esta empeoró cada vez más. Fue ella quien le llevó en el verano de 2018 a una clínica de desintoxicación en Malibú. No sin antes espantar a los fotógrafos, y, como es ella, con gran cortesía: «¿Me podría hacer un favor? ¿Podría apartarse, por favor? ¡Por respeto!». Una vez describió de forma muy pragmática su actitud ante la jauría eternamente apostada delante de su casa: «Por las mañanas tengo dos opciones: una es prepararles el bocata para el cole a mis hijos. La otra, arreglarme para los paparazzis. Yo lo tengo claro».

Mientras otras actrices de su edad se quejan de la creciente falta de papeles, Garner se centra en sus hijos y su educación. Hasta el punto de que, hace diez años, su agente le puso un ultimátum: o se jubilaba o aceptaba el papel de doctora en Dallas Buyers Club. Ella optó por seguir con su carrera. La película ganó varios premios. Dentro de pocos meses cumple cincuenta años; nadie lo pregunta. En marzo de 2021 obtuvo un inmenso éxito con la película El día del sí, una brillante comedia, lanzada durante el periodo más oscuro de la pandemia, y que tocó la fibra sensible adecuada para contrarrestar las restricciones vigentes. La producción de Netflix fue obra suya. Trata de una madre y un padre que escapan de los rigores de la vida cotidiana cediendo las riendas a sus hijos durante 24 horas.

62 millones de hogares de todo el mundo vieron la comedia en las primeras cuatro semanas de su estreno, un récord de Netflix en lo que a las películas para familias se refiere. Unos meses después, Garner anunció que había firmado otro contrato con Netflix: para toda una serie de nuevas producciones en las que interpretará el papel de la protagonista femenina, además de producirlas ella misma. Parte del acuerdo es la secuela de El día del sí. El concepto del día en el que todo está permitido se basa en un libro de 2009 que Garner les leía a menudo a sus hijos. Desde entonces, el «día del sí» es una tradición familiar. De hecho, debe ser fantástico ser niño en casa de Jennifer Garner. Una vez le contó a la presentadora Ellen DeGeneres que, en realidad, entre Halloween y Semana Santa su casa está permanentemente decorada. Todo ello empieza con telarañas y murciélagos hechos a mano que cuelgan del techo. En ocasiones, ella misma confecciona los disfraces para los niños.

Estas son las personas que me han formado, de principio a fin.
Jennifer Garner

Parece que siempre está ocupada haciendo tartas y los domingos va con sus hijos a la iglesia. El hecho de que Garner sea distinta a los demás habitantes de Hollywood tiene que ver con sus orígenes. Se crio, muy protegida, en Virginia Occidental, en la histórica capital de Charleston. Al son de la música bluegrass y de las historias de fantasmas que se cuentan ahí en las montañas. Es la segunda de tres hijas; su madre era profesora de inglés; su padre, ingeniero químico. Garner llevaba petos confeccionados por su madre y heredados de su hermana mayor, tocaba el saxofón en la banda del colegio y tomó durante muchos años clases de danza clásica.

En 2007 el dominical Sunday Gazette-Mail la nombró la West Virginian of the Year. Tras las graves inundaciones que afectaron a la zona en 2016, Garner se subió al primer avión con el fin de animar a los que habían sufrido daños. Durante una recaudación de fondos para las víctimas de la catástrofe dijo: «Estas son las personas que me han formado, de principio a fin». En 1990 se graduó en un instituto de Charleston, siguió estudiando Química y luego cambió de rumbo y se dedicó a la actuación.Muchas veces ha contado que los neoyorquinos la miraban con desconcierto cuando ella los saludaba en la calle con un gesto de la mano. De donde ella viene, se hace así. Se sabe cantar el himno de su estado sin titubear, recita datos importantes de su patria con tal entusiasmo que parece una empleada de la oficina de turismo local. En el marco de la National Library Week publicó un post en homenaje a la bibliotecaria de su escuela primaria, la señora McCann. Con ella, escribe Jennifer Garner, pasó cada minuto libre del colegio. Cuando era una niña, escribió un libro sobre un oso que viaja a Marte, que la bibliotecaria pasó a máquina. «Lo colocó en la estantería de la biblioteca, inclusive ficha para el préstamo». La creatividad precisa siempre de alguien que la reconozca y la aliente, y la actriz muestra su gratitud abiertamente: «Te quiero, mamá McCann», escribe en Instagram.

Desde 2008, Jennifer Garner trabaja para Save the Children, una organización internacional con el compromiso de mejorar la vida de los niños en todo el mundo; y desde hace siete años forma parte del consejo de administración de esta ONG. Su propio compromiso ha llegado hasta el Congreso de los Estados Unidos, donde contó a los políticos cómo se había criado junto con niños pobres. «En aquella época, no podía ayudarles ni a ellos ni a sus familias, pero ahora sí». El tema de la pobreza no le es ajeno; sus progenitores crecieron en un entorno en el que había que pensarse dos veces cada centavo que se gastaba. Una buena formación fue su manera de ofrecerles a ella y sus hermanas mejores oportunidades.

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Garner está especialmente interesada en los niños de las zonas rurales. Al principio, solo quería trabajar en las escuelas. Pero eso fue antes de descubrir la importancia de ofrecer programas hasta los cinco años en los que se visita a las madres jóvenes en casa. «Estas mujeres no son de las que están empujando un cochecito y charlando alegremente; a menudo están solas en una caravana y no tienen a nadie con quien hablar sobre la maternidad». El programa propuesto por Garner les enseña la manera de apoyar a sus hijos para que lleguen al jardín de infancia sanos y bien desarrollados.

En 2019 Jennifer Garner pronunció el discurso de graduación en su antigua universidad, la Denison University. Su consejo para los alumnos: «Podréis consideraros afortunados si durante el 65 % de vuestra vida sois felices». Un número inventado, por supuesto, pero denota una actitud pragmática, útil para gestionar los altibajos de la vida. Y es así como la educaron: sé eficiente, no te quejes. Y con el lema: «Come lo que plantas», como contó un día en el programa de entrevistas Hoda & Jenna. De ahí que todas sus casas siempre hayan tenido un gran jardín. «Y mi madre solía hacer pan los domingos, así que yo también hago pan». Tampoco le falta ingenio: una vez, cuando aún estaba casada, se dio cuenta de que había ratas en su jardín de Los Ángeles. Así que alquiló 120 cabras, que se comieron en un instante toda la hiedra de la que se alimentaban las ratas. Envió las fotos del rebaño a su marido en el lugar del rodaje.

Garner está en forma, ha encarnado un montón de heroínas de películas de acción, pero para practicar el culto al cuerpo es demasiado realista: «Por muy duro que entrene, siempre tendré el aspecto de una mujer que ha parido tres hijos», constató en el podcast Happy mom, happy baby. Entrena cinco días a la semana con su coach de muchos años. Y cuando el papel lo requiere, sube los kilos en las pesas. Para Matar o morir, una película que se estrenó en los cines hace tres años, se convirtió en una máquina de combate, con los brazos de una boxeadora profesional. Interpretaba una madre que quiere vengar a su hija asesinada.

Un grupo de niños y adultos está sentado en unas gradas amarillas frente a un telón de teatro de color rojo intenso y sonríe para una foto.
Foto: Amanda Marsalis / Trunk Archive

Paralelamente está definiendo su nuevo rol, el de Farmer Jen. Bajo este nombre su marca bío Once Upon a Farm ya ha lanzado dos productos de edición limitada. Los sobres muestran una niña morena de dibujos animados con un peto. En su interior, paté de boniato o calabaza con galleta de avellana, una receta de la familia Garner. Por cada producto vendido, Once Upon a Farm dona 25 centavos a Save the Children. Y es que la empresa se ha convertido en un partner de la organización benéfica predilecta de Garner. Para 2024, se han comprometido a distribuir un millón de comidas a los niños de las zonas rurales de Estados Unidos.

Once Upon a Farm fue fundada en 2015 por dos jóvenes entusiastas de lo biológico. En otoño de 2017 se sumaron Jennifer Garner y el veterano de la alimentación natural John Foraker. A partir de entonces, la empresa despegó, también en lo que a los puntos de venta se refiere: de 300 pasaron a 8500. Hoy, la compota de manzana y los smoothies ecológicos de la marca se encuentran en Walmart, Target y Whole Foods, entre otros, y online a través de la página web de la empresa. En una ronda de financiación de hace tres años, los cuatro fundadores consiguieron veinte millones de dólares en capital de riesgo. «Estoy orgullosa de la empresa innovadora que hemos creado», dijo Garner en su momento.

Su vida privada sigue siendo privada. Tras su divorcio, salió durante dos años con el empresario tecnológico californiano John Miller. Parece que vuelve a estar sin pareja. Lo que sí es seguro es que se mudará. Está construyendo una nueva casa para ella y los niños en Brentwood; en mayo visitó la obra con sus padres. La propiedad en Pacific Palisades donde vivía antes del divorcio se ha vendido.

Todas las fotos: Trunk Archive y Alamy Stock Photo