Edición
03/24
Ubicación
Los Ángeles, California
Durante años, esta superestrella de Hollywood derribó barreras y transformó la industria. Pero tras sobrevivir a una experiencia cercana a la muerte y a otros desafíos, Sharon Stone comenzó a reinventarse. Ahora ha emprendido un nuevo camino como pintora
¡y con mucho éxito!
Abandonar el camino establecido, iniciar un cambio, quizá atreverse a probar algo completamente nuevo es más difícil para la mayoría de la gente de lo que parece. Por muy agotadoras y empantanadas que sean las situaciones, muchos se aferran a ellas con fuerza, simplemente por no salirse de su zona de confort. Hasta los niños conocen el famoso dicho: «Zapatero, a tus zapatos». Para Sharon Stone, icono de Hollywood, esta ya no era una opción real, pues hacía muchos años que no le ofrecían ningún papel cinematográfico interesante. A menudo ha comentado lo duro que fue para ella. De modo que lo que hacía falta era ingenio y valentía y de eso andaba sobrada.

En su residencia de Beverly Hills, Stone está rodeada de arte; lleva años coleccionando obras de Jean-Michel Basquiat. Durante la pandemia comenzó a pintar o, mejor dicho, retomó la pintura. Y es que el arte fue una parte importante durante su niñez; su tía era pintora y le daba clases. Media vida después —en un Los Ángeles paralizado por el confinamiento—, una amiga le regaló un kit de pintar por números. Y aquí empezó todo: Stone compró lienzos, pinceles y pinturas, comenzó a pintar como poseída y subió sus obras a Instagram. Un conocido crítico de arte se fijó en ellas y pronto montó su primera exposición. El magazín Artnet escribió: «Una de las razones por las que la toman en serio como artista es que ella se toma el arte en serio». Sharon Stone cuenta: «La pintura se convirtió en una obsesión». Charlamos por Zoom; en su casa de Los Ángeles es temprano por la mañana.
¿Qué es lo que más le fascina de la pintura?
«Bueno, lo que resulta tan agradable y diferente del cine es que no tengo que esperar a todo el presupuesto de producción y localización. No tengo que esperar a que se reúnan todos los departamentos para poder trabajar. Simplemente voy a mi estudio, enciendo las luces y comienzo a pintar. Me encantan las largas horas de trabajo físico y artístico».
Probar el propio talento y presentarse al público con los primeros intentos siempre requiere mucho valor, pero, lógicamente, para alguien como Sharon Stone, lo que está en juego es especialmente importante. Y no es que empezara tímidamente y con cuadros pequeños; en su primera exposición en Los Ángeles, en marzo de 2023, fue a por todas, llenando el espacio con lienzos poderosos y de gran tamaño.
El mundo del arte es tan competitivo como el del cine, ¿no le dio miedo aventurarse en este terreno?
«Durante toda mi vida he tenido que escuchar que soy demasiado alta, demasiado baja, demasiado gorda, demasiado flaca, demasiado rubia, demasiado morena, demasiado lo que sea. Al final, hago oídos sordos porque nunca lo seré todo para todo el mundo. Y ya casi espero que la gente me diga lo que me pasa a mí en lugar de descubrir lo que les pasa a ellos mismos».
Llevan toda una vida diciéndome que soy muy alta, muy baja, muy gorda o muy flaca
Hace unos meses, al comienzo de la Berlinale, Stone inauguró una exposición en Berlín, su primera en Europa. En lugar de ir del aeropuerto a su hotel, acudió directamente a la Galerie Deschler, en la Auguststraße, donde estaban sus cuadros. La galería le había enviado previamente por correo electrónico el plano de la sala para que ella misma pudiera determinar con exactitud dónde colgaría cada una de las doce obras. De hecho, Stone diseñó hasta el último detalle de la exposición, a la que tituló Totem. Todos los cuadros se terminaron en 2023 y en cada uno de ellos hay una serpiente. Desprenderse, volver a empezar, ese es su tema. Uno de sus lienzos está dedicado a su sobrino, que murió cuando solo tenía once meses. El arte de Stone trata de la belleza, pero también de experiencias fundamentales como la guerra, el amor, la pérdida y la esperanza.
En 2001, estuvo a punto de morir tras sufrir un ictus; cayó en coma y los médicos le dieron una probabilidad de supervivencia del uno por ciento. Luchó durante años para volver a la vida, reaprendió a hablar y a caminar. Cuando por fin mejoró, se dio cuenta de que en Hollywood nadie la había estado esperando. «Tuve que ponerme otra vez al final de la cola», dijo en cierta ocasión. La superestrella de los noventa se encontró ante la nada: la cuenta bancaria, a cero, su matrimonio, roto. Hasta hoy tiene que tomar medicamentos para prevenir un nuevo ictus. Stone ocultó esos datos durante años por miedo a que afectara negativamente su regreso a Hollywood. «Una discapacidad no funciona en mi sector —afirma—. La pintura me ha ayudado a superar mis temores a no ser aceptada».
Al principio, había colocado el caballete en su dormitorio, pero rápidamente se dio cuenta de que necesitaba espacios amplios. Así que transformó una habitación en un taller. Ahora, por fin, volvía a tener algo en lo que enfocar su energía, ya no se veía obligada a esperar papeles que nunca llegaban, ya no se preguntaba cómo demonios había quedado tan marginada. Ella, Sharon Stone, a la que en su día cortejaron desde todos los frentes. Y ahora, cuatro exposiciones individuales en los últimos doce meses: en Los Ángeles, Greenwich (Connecticut), San Francisco, y, por supuesto, la actual en Berlín.

¿Le ayudó alguien en la planificación a la hora de dar sus primeros pasos en el mundo del arte?
«No. Manifiesto las cosas y luego las medito. Solo hay una forma de hacerlo: trabajo, preparación, trabajo, trabajo, trabajo. Sin eso no consigues nada». Te llames como te llames. Stone suelta una profunda carcajada: «Bueno, tampoco se llega a ser Sharon Stone sin años de trabajo. No hay ningún atajo. El otro día hablaba con Oprah y le decía lo mucho que me molestaba que la gente intentara menospreciarla o mostrarse agresiva con ella. Me preguntó por qué creía que pasaba eso y le dije que porque la gente quiere ser como tú pero no quiere entregarse como tú. Llegas a la cima del éxito y entonces empiezan a intentar derribarte. No te conviertes en alguien estando de brazos cruzados, detrás de eso hay décadas y décadas de trabajo duro. Y en lo que a la pintura se refiere, esta no me llegó por ciencia infusa, sino porque pasé todos los días que no estaba rodando en un país extranjero en un museo. Estudiando, mirando, observando, dibujando. Esto no es magia».
¿En qué momento se dio cuenta de que su pintura podría convertirse en algo más grande?
«Creo que fue cuando la gente empezó a disputarse algunas de mis obras de gran tamaño en mi segunda exposición, coleccionistas de verdad que ocupan puestos en los patronatos de los museos».
La pintura es algo espiritual para ella, dice. Se sumerge en sus cuadros, sube el volumen de la música y pierde la noción del tiempo. «Y de pronto son las tres de la madrugada». Suceden muchas cosas en sus obras; son espejos de una vida que a muchos les hubiera destrozado. Sharon Stone se crio en Pensilvania, la segunda de cuatro hijos. En marzo de 2021 publicó su autobiografía: La belleza de vivir dos veces, una obra muy íntima y de gran éxito. En ella describe una infancia y juventud marcadas por la pobreza y la violencia. Sharon creció en plena campiña, donde algunos compañeros de clase iban en tractor al colegio. Pronto se refugió en sueños que giraban en torno al arte. Con solo quince años se matriculó en la universidad más cercana para estudiar Bellas Artes y Escritura Creativa. Era una estudiante superdotada y obtuvo una beca, pero finalmente abandonó la carrera para trabajar de modelo en Nueva York.
Sus orígenes la moldearon, fueron parte de la razón por la que Stone nunca se rindió. Antes de que su famoso papel en Instinto básico la convirtiera en un fenómeno internacional de la noche a la mañana, ya había aparecido en 17 películas, y seguía esperando dar el gran salto. Hoy es una madre dedicada de tres chicos que viven con ella en Los Ángeles. En Instagram comparte muchas cosas de su día a día; una vida de color y, por lo que parece, rodeada de buenos amigos. Y ha decidido que 2024 será el año del amor. Su vida sentimental ha estado bastante aletargada en los últimos tiempos, y el nombre de Sharon Stone no ayuda necesariamente. Hace unos años, como ella misma publicó en Twitter, la plataforma de citas Bumble la bloqueó creyendo que la cuenta que había creado era falsa.
He dicho cosas que a muchas personas en Hollywood lesresultaban alarmantes
Ella ha dado mucho en su vida. Después de que su antiguo profesor de teatro falleciera a causa del sida, comenzó a involucrarse en la lucha contra el VIH en una época en que aún estaba muy estigmatizado. En más de 25 años, ha recaudado millones de dólares en donaciones. En 2005, fue galardonada por la Fundación Harvard por sus esfuerzos. Ha trabajado con organizaciones humanitarias en el Oriente Medio, África y el Himalaya, apoyando a personas sin hogar así como a mujeres y niños maltratados. El año pasado, las Naciones Unidas le otorgaron el premio Global Citizen of the Year.
Sharon Stone fue nominada al Óscar por su papel en Casino y ganó un Globo de Oro. Aunque le encantaría interpretar nuevos papeles complejos, ya no se define únicamente por ellos. Han pasado más de treinta años desde Instinto básico. Una película rompedora a la que debe su fama, pero que también ha ensombrecido su vida. Todo por esa reveladora fracción de segundo en la que la actriz descruza las piernas. Sharon Stone, la asesina seductora y fantasía erótica del género masculino.
Puede que el dilema de Stone haya sido siempre que la gente se sentía abrumada por ella. Demasiado guapa, demasiado inteligente, demasiado aguda y de lengua afilada, poco adaptada y poco dócil. Ya en 1995, declaró al Los Angeles Times: «Creo que la gente no supo qué hacer conmigo durante mucho tiempo. Parecía una Barbie y tenía esa voz como si me pasara la vida en un bar, y luego decía esas cosas tan inquietantes».
Lo que no ha dejado de repetir a lo largo de los años son dos cifras: que ella recibió 500 000 dólares por Instinto básico, frente a los 14 millones que percibió Michael Douglas. Si la brecha de género está cambiando poco a poco, parte del mérito corresponde a Sharon Stone. Desde el principio ha hecho campaña a favor del #MeToo, denunciando la tóxica cultura machista de Hollywood y cómo en varias ocasiones le dieron a entender que acostarse con colegas o directores favorecería su carrera. Todavía está esperando disculpas.
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¿Alguna vez se ha preguntado cómo le habría ido su carrera si hubiera sido un hombre?
«Como dice Olivia Colman, “Si me llamara Oliver Colman, todo sería diferente para mí”. La libertad que por fin se están tomando las mujeres es hablar de estas cosas. Ante tanta opresión, estamos cansadas de que nos releguen a un rinconcito».
¿Qué ha aprendido en los últimos años que no supiera antes?
«Después del ictus, tuve que aprender que el mundo no se preocupa realmente por ti. Pienso que esto solo lo entiendes cuando has aprendido las lecciones duras de la vida. Tienes que poner límites. Aprendí a decir un “no” tajante porque de ello dependía mi vida. Por supuesto que a la gente no le hizo gracia, hablaron mal de mí. Puedo ser muy dura».
También le admiran por ello.
Puede que la gente te admire, pero eso no significa necesariamente que quieran pasar tiempo contigo o quieran contratarte.
La satisfacción es algo que se elige, según Sharon Stone. «Es una disciplina, una decisión que se toma a diario».
¿Se siente hoy liberada?
Sí. Porque ya no tengo nada que ocultar».





