Edición
01/25
Ubicación
Colorado, USA
Fotografía
Jack Richmond
Dunton Hot Springs celebra el romanticismo del salvaje Oeste —veladas en torno a una hoguera y pesca con mosca— maridado con el confort al más alto nivel. Una visita inolvidable a un antiguo pueblo fantasma de las Montañas Rocosas...
Todo empezó en Telluride, Colorado, en una lluviosa mañana de enero de 1994. El día anterior, Christoph Henkel se había roto una costilla en una pista negra; esquiar no era una opción en ese momento. Él y su entonces socio decidieron hacer una pequeña ruta en coche a unas fuentes termales —supuestamente en venta— a unas dos horas al suroeste, en lo más profundo de las montañas. «Cuando llegamos, casi nos caímos para atrás», recuerda Henkel. Las termas de agua caliente, de caliente no tenían nada; había excrementos de marmota hasta las rodillas; las cabañas que les rodeaban se encontraban medio derruidas; las puertas ondeaban al viento; las ventanas estaban cosidas a balazos. «Fue amor a primera vista. Al cabo de un cuarto de hora estaba decidido: hay que comprarlo, luego ya pensaremos qué hacer con todo esto».

Bienvenidos al Dunton Hot Springs Resort
Hoy, treinta años después, Dunton Hot Springs forma parte de la exclusiva asociación de hoteles y restaurantes Relais & Châteaux. Pero en el trayecto de media hora subiendo las montañas por una pista polvorienta, con las curvas cada vez más cerradas y la luna trasera cubierta de arena roja, queda claro que no se trata de la habitual estancia en un hotel cinco estrellas. Los huéspedes se alojan en una de las catorce cabañas de madera amorosamente decoradas, algunas del tamaño de un gran chalé, todas rodeadas de 75 hectáreas de terreno, que lindan con el bosque nacional de San Juan.

Del Oeste Salvaje a un oasis de bienestar
Dunton Hot Springs es también sinónimo de aventura: un viaje en el tiempo a una época marcada por grandes cambios, peligros y penurias. Las cabañas son la prueba del inmenso esfuerzo invertido en transportar troncos a través de las montañas, utilizando caminos improvisados y carros tirados por caballos, conducidos por personas en busca de una vida mejor. Hoy, estas cabañas de madera presentan acabados lujosos, uno sigue sintiendo el antiguo espíritu de aventura, pero luego se relaja bajo una ducha de lluvia o frente a las llamas de una chimenea. Las citas profesionales, el estrés, todo queda lejos. De día se ven águilas planeando en círculo, de noche, las estrellas brillan en un cielo increíblemente límpido.
En la década de 1880, en el remoto pueblo de Dunton se extraía oro y cobre. En aquella época vivían allí unas 500 personas, pero solo cuatro décadas después abandonaron el valle para seguir la nueva vía férrea. La inmensa área pasó a formar parte de una explotación ganadera; en los años 70 llegaron los hippies; luego un exfinanciero de Wall Street y, finalmente, el empresario Henkel, que se había criado en Düsseldorf leyendo los libros del Oeste de Karl May. En eventos especiales, no es raro verle personalmente tras la barra del renovado saloon.

Cabañas antiguas, nuevas historias
Dunton Hot Springs es una declaración de amor al salvaje Oeste, auténtico hasta el más mínimo detalle, pero alejado de la idea de museo al aire libre. Algunos de los edificios proceden de lugares lejanos, desmontados por Henkel a cientos de kilómetros de Dunton y trasladados en camión. En Dunton, las casas están dispuestas de tal forma que son accesibles a pie. Cada una de las piezas de los edificios desmontados se numeró y se volvió a montar como un puzle 3D. Henkel cuenta que tardaron siete años: «Lo único que había cuando llegamos era electricidad, pero nada de agua corriente, por no hablar de alcantarillado ni de línea telefónica».
Poco más de un año después, Henkel conoció a Katrin Bellinger, una experta en arte de Colonia. Se enamoró de ella y la llevó de vacaciones a Dunton, donde el agua se buscaba con un cubo en el manantial y la letrina estaba en una pequeña cabaña. En un prado en lo alto de la montaña, le pidió la mano. Pronto nacieron dos hijos y la familia se trasladó a Londres. Hasta hoy, siguen pasando los veranos y las Navidades en Colorado.


Un lugar donde las estrellas pueden mantener su privacidad
La casa familiar se encuentra un poco apartada: una torre de madera y vidrio de cinco plantas, camuflada entre las copas de los árboles. Fue diseñada por Annabelle Selldorf, una buena razón para que los amantes de la arquitectura se dirijan a Dunton Hot Springs. La famosa arquitecta es íntima amiga de la pareja; conoce a Katrin desde la juventud, en Colonia, donde fueron juntas al colegio.
Todos los años, en agosto, los Henkel y sus dos hijos adultos organizan una megabarbacoa, con las mesas dobladas bajo el peso de montañas de enormes chuletones. Acuden granjeros del valle vecino y viejos amigos de Europa, entre ellos una ganadora de un Óscar con sus hijos y una cantante, también famosa. Ambas, sin guardaespaldas, a sabiendas de que nadie las molestará. La actriz —solo por revelar un dato— confiesa que Dunton es uno de sus lugares favoritos, que visita a menudo, pero sin gritarlo a los cuatro vientos.

Una idea espontánea se convierte en un refugio exclusivo
En 2007, Christoph Henkel compró otra gran parcela de terreno a unos seis kilómetros río abajo del resort: aquí creó el campamento Dunton River Camp. Las ocho lujosas tiendas están disponibles de junio a mediados de octubre. Kim Kardashian reservó todo el campamento en un intento de salvar su matrimonio con Kanye West. Aunque nunca mencionó el lugar en las redes sociales, existe un post en el que se reconoce la vajilla de Gmundner Keramik que se utiliza en Dunton. Poco después, llegó un paquete de Austria con vajilla personalizada para la familia Henkel, acompañado de una nota: «Gracias por la publicidad».
Christoph Henkel agita la cabeza y se ríe, como suele hacer cuando habla de Dunton: «En el fondo, soy una persona racional, pero a veces las cosas parecen estar escritas en las estrellas. Cuando imaginas tu vida, la ves como una línea recta, pero mirando hacia atrás se parece más bien a un plato de espaguetis. Pues Dunton fue una diversión, una curva imprevista. Pero con un poco de locura y los medios adecuados lo conseguí. A veces, hace falta un poco de tozudez».




