Edición
04/26
Una mujer, una visión, una marca. La diseñadora italiana de joyas Carolina Bucci reflexiona sobre la belleza de la creatividad y rompe una lanza a favor de la sencillez
en la alta joyería.
Carolina Bucci representa la cuarta generación al frente de la firma familiar de joyería. Transforma bellos recuerdos en delicadas piezas concebidas para llevar, combinar y llenar de nuevas historias, con una mezcla única de espíritu lúdico y una profunda nostalgia por
la magia despreocupada de la infancia. Así nacen diseños que, situándose entre la tradición orfebre florentina y una sensibilidad contemporánea, redefinen el concepto de lujo: personal, emocional y lleno de vida.


Si antes veía la joyería tradicional como algo rígido, su marca hoy representa todo lo contrario. ¿Qué ha definido su estilo personal?
Mi bisabuelo fundó nuestra empresa familiar en Florencia en 1885. Siempre he admirado esa tradición, pero de joven me frustraban las normas tan estrictas que regían la creación de joyas. De ahí nació mi deseo de incorporar un componente más lúdico que hoy sigue definiendo mis diseños. Con Carolina Bucci quería demostrar que la alta joyería puede ser divertida y espontánea sin renunciar al saber hacer artesanal. En nuestro taller florentino siguen trabajando auténticos maestros joyeros, aunque con una visión plenamente contemporánea.
Mucha gente considera que una joya de gran valor debe permanecer guardada en un joyero. ¿Fue difícil demostrar que el lujo también puede ser divertido?
Mi crítico más exigente siempre ha sido mi padre. Él me enseñó todo lo que era posible desde el punto de vista técnico y luego me llevó directamente a la mesa de trabajo. Esa fue la mejor formación que pude recibir. Aprendí muy pronto a defender mis ideas y a comprobar si un diseño era realmente viable. Así nacieron las pulseras Lucky: trenzadas en oro y seda, sin cierre, pensadas para anudarse y acompañarse de un deseo. Cada color y cada colgante simbolizan algo distinto: la suerte, el amor, la salud... Al principio, la idea de una «joyería emocional» suscitó bastante reticencia, pero yo seguí creyendo en ella y, más de veinte años después, la colección goza de más éxito que nunca.


¿Cómo equilibra la visión creativa con las posibilidades técnicas de la artesanía?
Con los años he aprendido muchísimo, pero mi forma de trabajar sigue siendo la misma. Primero imagino la pieza y después busco la manera de hacer realidad esa visión desde el punto de vista técnico. A menudo, las herramientas necesarias ni siquiera existen, así que las desarrollamos nosotros mismos. En el caso de nuestras joyas tejidas, por ejemplo, hemos adaptado antiguos telares renacentistas para que pudieran trabajar con hilos de oro. Cada colección supone un nuevo aprendizaje y contribuye a impulsar el oficio. No me interesa crear por el simple hecho de crear; quiero mejorar y evolucionar constantemente. Y, a veces, eso también significa plantearse retos más difíciles.
La colección Forte Beads es conocida por su enfoque lúdico y personal. ¿Qué la inspiró?
Mi primera colección fueron las pulseras Lucky, inspiradas en las pulseras de la amistad que hacía cada verano de niña en la playa de Forte dei Marmi. Años después, la historia se repitió con mis propios hijos. Cuando eran pequeños, siempre llevaba de vacaciones cajas llenas de cuentas de colores para que hicieran pulseras y yo las combinaba con mis joyas de alta gama. Así nació, en 2018, la idea de Forte Beads: recrear esa misma estética, esa sensación de libertad y esos recuerdos de la infancia, pero utilizando materiales nobles.

Muchas de sus colecciones invitan a personalizar las piezas y hacerlas propias. ¿Qué importancia tiene ese componente participativo en su forma de diseñar?
Todas mis colecciones nacen de experiencias personales; son como las páginas de un álbum de recuerdos. Cuando las vuelvo a mirar, sé exactamente qué estaba viviendo en cada momento: si me encontraba de viaje, si había nacido uno de mis hijos o si acababa de cumplir cuarenta años. Lo más bonito es ver cómo otras personas se enamoran de esas joyas y empiezan a escribir con ellas su propia historia. Para mí, el verdadero lujo consiste en que una pieza sea perfecta para quien la lleva, no para todo el mundo. Por eso, la personalización juega un papel fundamental. Mis diseños parten de mi propia vida, pero están pensados para acompañar a quienes los eligen y para convertirse en el comienzo de una nueva tradición.
Sus boutiques se encuentran en Londres, Florencia y Montecito. ¿Qué criterios sigue a la hora de elegir un emplazamiento?
Tengo un vínculo muy personal con cada una de ellas. Londres fue nuestra primera boutique y, desde 2004, también mi hogar. Es la ciudad donde he criado a mis hijos. Florencia es mi lugar de origen: allí vive mi familia y late el corazón artesanal de la marca. Nuestros talleres se encuentran junto al Ponte Vecchio. Por último, Montecito, en California, es la incorporación más reciente. Es un lugar precioso, cuidado hasta el último detalle, con esa actitud californiana tan característica: exigente con la calidad, pero siempre relajada. Cada una de nuestras boutiques es única, pero todas ellas reflejan el universo Carolina Bucci.
Sus diseños poseen un sello muy personal. Si tuviera que elegir una sola joya, ¿cuál sería?
Con cada nueva colección nace también un nuevo favorito, aunque siempre vuelvo a mis clásicos. Si realmente tuviera que quedarme con una sola pieza, elegiría mi collar familiar. De él penden pequeños colgantes hechos a medida que representan a mis hijos, a mi marido, a nuestro perro e incluso a nuestros peces. Es la forma más bonita de llevar siempre conmigo a mi familia y todo lo que me inspira.



Anne Keckeisen
Como aspirante a periodista, Anne Keckeisen siente una especial fascinación por las personas y su manera de ver el mundo. Le gusta escribir sobre historias de vida, lugares singulares y esos pequeños detalles que, a veces, revelan más que el conjunto. Entre colores vibrantes, las páginas de un libro y el mundo del automovilismo se siente igualmente en casa, siempre en busca de palabras y momentos que le permitan descubrir el mundo desde una nueva perspectiva.
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