Edición
04/26
Ubicación
Inglaterra
Fotografía
Moeez Ali
Convertida en una de las top models más icónicas de los años noventa, marcó a toda una generación. La belleza ha sido el hilo conductor de su vida. Hoy, Claudia Schiffer comisaría proyectos que reflejan su exquisito gusto y una profunda sensibilidad creativa. La que fuera musa de Karl Lagerfeld continúa dando muestra de su sentido innato de la estética y el diseño.
Alta, esbelta, rubia, de ojos claros y... una sonrisa radiante. Con su aire de ángel inaccesible, desfiló por las pasarelas de todo el mundo. Hay infinidad de historias que contar sobre Claudia Schiffer, pero esta no habla de su belleza, aunque, sin duda, ha desempeñado un papel decisivo en todo lo que la alemana, nacida en Renania, ha logrado y representa.
Claudia Schiffer encarna como pocas la edad de oro de las supermodelos de los años noventa. Vivió el momento culminante de la moda, una época vibrante en la que los colores llamativos de la cultura pop marcaban el ritmo, y en la que modelos como Cindy Crawford, Naomi Campbell o Kate Moss eran veneradas como auténticas estrellas internacionales. Karl Lagerfeld convirtió a Claudia Schiffer en el rostro de Chanel y en su musa, creando una imagen que definió toda una década y que la ha llevado a protagonizar más de mil portadas de revistas hasta la fecha.
Su trayectoria parece un cuento de hadas, pero su éxito no fue fruto de la suerte o del azar. Claudia Schiffer nunca encajó en el estereotipo de la modelo ingenua. Desde el principio, mostró un marcado espíritu emprendedor y el firme propósito de desarrollar su creatividad. En un principio quería seguir los pasos de su padre y estudiar Derecho, pero todo cambió cuando un cazatalentos la descubrió por casualidad en una discoteca de Düsseldorf. Aquel encuentro marcó el inicio de su camino hacia la cima.
Aún hoy, Schiffer es un icono mundial de la moda. A pesar de haber optado por una vida más discreta, sigue siendo protagonista de las campañas de Versace, Balenciaga, Tommy Hilfiger y Donna Karan, con nuevos proyectos ya en el horizonte. Aunque hay quien supone que se trata de una estrategia bien calculada, tal vez el secreto de su éxito sea realmente solo este: una intuición infalible y la firme convicción de que lo que nace del corazón está destinado a salir bien.


Señora Schiffer, algunos analistas financieros y expertos en cultura interpretan su trayectoria como una retirada estratégica. Usted eligió la tranquilidad de la campiña inglesa para desarrollar su marca y consolidar su patrimonio, lejos de la atención constante del público. ¿Fue una decisión guiada por la intuición o una estrategia empresarial meditada para preservar su independencia creativa?
Claudia Schiffer: Simplemente refleja mi personalidad. Todo lo que hago nace de forma natural y es auténtico.
Al echar la vista atrás y pensar en su evolución, de supermodelo y musa a comisaria de exposiciones, productora y diseñadora, ¿cómo definiría el desarrollo de su creatividad?
Hay muchas cosas que me apasionan. Además de mi vida familiar, disfruto enormemente decorando mi casa. También me encanta el cine, y como mi marido es director, suelo involucrarme cuando surgen cuestiones relacionadas con el vestuario o el maquillaje. En realidad, soy una persona muy creativa y he aprendido muchísimo trabajando con los mejores.
Se suele decir que el modisto Karl Lagerfeld fue su «hada madrina», la persona que transformó a una joven alemana tímida en un icono internacional. ¿Qué aprendió de él?
Karl Lagerfeld era el ejemplo perfecto de alguien que creaba sin seguir estrategias preconcebidas. Simplemente, se dejaba guiar por su intuición y sus pasiones. Me enseñó que la creatividad puede surgir de cualquier parte.
La verdad es que Claudia Schiffer sigue dejando su huella creativa en el mundo de la moda, diseñando sus propias colecciones, que llevan su nombre. Solo acepta trabajos selectos y se dedica únicamente a proyectos con los que se identifica plenamente. Como apasionada coleccionista de arte, tiene obras de autores contemporáneos de renombre. Ya de joven, cuando era modelo, prefería curiosear por las galerías parisinas en boga, en lugar de salir de fiesta con sus compañeras. En 2021, realizó su primer trabajo como comisaria para el Kunstpalast de Düsseldorf, la ciudad donde todo empezó: la exposición Captivate! Fashion Photography from the 90s. A lo largo de su carrera ha colaborado con los mejores fotógrafos y fotógrafas del mundo: Peter Lindbergh, Herb Ritts, Ellen von Unwerth y Mario Testino, por nombrar solo a algunos de una larga lista. El libro homónimo que acompaña a la exposición, publicado por la editorial Prestel, ofrece una visión general del archivo personal de Schiffer.

Su trabajo como comisaria de la exposición Captivate! pone el foco en la edad de oro de la fotografía de moda analógica. Al volver a revisar miles de fotografías y polaroids de prueba, ¿descubrió algo nuevo sobre aquella época?
¡En los años noventa se hicieron infinidad de fotografías extraordinarias! Volver a verlas me recordó el excepcional espíritu de reinvención, rebeldía e innovación que definió aquella década y lo maravilloso que fue formar parte de ella. Aquellos años estuvieron marcados por el auge de la cultura del estilo, el nacimiento de las supermodelos y una creatividad desbordante. Una nueva generación de diseñadores, fotógrafos, estilistas y directores de arte irrumpió en escena y transformó profundamente nuestra manera de entender la moda y el diseño. La fotografía de moda es una forma de arte profundamente democrática, ya que está presente en vallas publicitarias, plataformas digitales, envases y revistas, por lo que su alcance es inmenso. Los años noventa marcaron un punto de inflexión, un momento en el que la fotografía de moda y sus autores pasaron a formar parte del universo de la cultura visual. Esa es una de las razones por las que hoy sigue fascinando a las generaciones más jóvenes. Existe un renovado interés por todo lo analógico: los discos de vinilo, las polaroids...
Ha escrito que una fotografía de moda icónica nace de la estrecha conexión entre la modelo y el fotógrafo. Usted trabajó con algunas de las grandes leyendas de la fotografía. ¿A qué se debe el éxito de esas colaboraciones?
Como modelo, era fundamental conocer a fondo el trabajo del fotógrafo y del diseñador para comprender su visión y saber transmitirla ante la cámara. Un traje de Valentino te convierte en una heroína romántica, con Versace te transformas en una sirena y con Chanel, casi sin esfuerzo, una mujer de mundo. Muy pronto entendí que cada fotógrafo tiene una mirada propia. Helmut Newton cuidaba cada detalle con rigor absoluto, de ahí la poderosa fuerza gráfica de sus imágenes. Arthur Elgort, en cambio, era un maestro captando la espontaneidad al aire libre, mientras que Ellen von Unwerth imprimía a sus instantáneas una alegría irreverente e inconfundible. Luego está el propio shooting, una auténtica alquimia en la que confluyen profesionales de muy distintas disciplinas: fotógrafos, maquilladores y peluqueros, localizadores, escenógrafos, modelos, estilistas, directores artísticos o editores de moda. Una gran imagen siempre es el resultado de un extraordinario trabajo en equipo.


Hoy, como productora ejecutiva, Claudia Schiffer traslada toda esa experiencia a las producciones cinematográficas de su marido, Matthew Vaughn. Supervisa con meticulosa atención la identidad visual de cada proyecto, desde la estética general hasta el maquillaje, la peluquería, el vestuario o el diseño de interiores. Incluso el nombre de su productora, Cloudy Productions, hace referencia al apodo con el que siempre la han conocido. Su influencia artística se percibe en la gran pantalla, desde la refinada elegancia de la sastrería británica de la exitosa saga Kingsman hasta la exuberante estética del biopic Rocketman —dedicado a Elton John— o la cuidada dirección artística de la reciente comedia de espionaje Argylle. Entre bastidores, la mirada estética lleva la firma de Claudia Schiffer.
Hay un motivo por el que Argylle ocupa un lugar muy especial en su familia: en la película aparece Chip, el gato de la casa, que se convierte inesperadamente en el favorito del público. Claudia Schiffer cuenta esta historia en Blue Chip: Confessions of Claudia Schiffer’s Cat, un libro narrado con una buena dosis de humor y autoironía, pero también con mucho corazón.
Esa inquietud creativa también se refleja en cada una de sus casas. Su universo del interiorismo se articula en torno a una fascinante dualidad arquitectónica presente en sus dos residencias inglesas, profundamente distintas entre sí. Su luminoso refugio contemporáneo en Oxfordshire seduce por la fusión de minimalismo escandinavo y muebles de los años cincuenta, mientras que Coldham Hall, una histórica mansión Tudor en Suffolk, opta por un estilo más clásico. Allí, Schiffer contrapone deliberadamente los robustos paneles de roble con obras de Damien Hirst y Andy Warhol. Precisamente, su inclinación por las combinaciones eclécticas —unida a su deseo de alejarse de la vajilla impecablemente conjuntada con la que creció— inspiraron sus colecciones de porcelana. Para firmas históricas como Vista Alegre y Bordallo Pinheiro, ha diseñado piezas que conjugan la maestría artesanal con historias profundamente personales.

Combinar la refinada porcelana de Vista Alegre con las expresivas y divertidas cerámicas de Bordallo Pinheiro fue una decisión muy audaz. ¿Qué tipo de diálogo quería establecer entre dos tradiciones portuguesas tan diferentes?
Desde siempre me han fascinado los objetos para el hogar. Empecé a coleccionar cerámica, cristalería, piezas de vidrio y porcelana muy pronto. Vista Alegre y Bordallo Pinheiro son sinónimo de excelencia en este ámbito. Había reunido tantas piezas de ambas firmas que, en un momento dado, decidí ponerme en contacto con ellas, conocer mejor su historia y proponerles una colaboración. A lo largo de mi carrera, aprendí que solo merece la pena trabajar con marcas que admiro de verdad. Por eso, esta colaboración me resulta tan natural. Participé intensamente en todo el proceso creativo y de producción, desde las primeras ideas y los bocetos iniciales hasta la pieza terminada.
Los jarrones de vidrio de la colección Cloudy Butterflies se elaboran mediante la técnica del incalmo, un complejo procedimiento medieval que consiste en unir en caliente dos piezas de vidrio de distinto color sin alterar sus formas ni tonalidades. ¿Cómo fue participar en un proceso en el que el margen de error es mínimo y el resultado final depende de un saber artesanal transmitido durante siglos?
Siempre me han fascinado las técnicas artesanales extraordinarias, no solo en el mundo de la moda, sino también en la fotografía, la arquitectura o el diseño. Siento una enorme curiosidad por saber cómo y por qué se crean los objetos. Por eso, descubrir de primera mano cómo esas técnicas tradicionales pueden dar lugar a piezas de uso cotidiano concebidas para perdurar y transmitirse de generación en generación fue una experiencia emocionante.
La colección Gudrun, que lleva el nombre de su madre —una gran apasionada de la jardinería—, está profundamente ligada a sus recuerdos de la infancia y al otoño. Cuando contempla estas piezas en tonos verde bosque, amarillo mostaza o rojo púrpura, ¿siente que ha logrado plasmar en ellas la nostalgia de esa estación?
Con esta colección quise recuperar mis recuerdos de la niñez en el campo. Me inspiraron muchas cosas: el sonido del pájaro carpintero, el canto de otras aves, las ardillas recogiendo bellotas frente a la ventana de mi habitación o mi madre recolectando hojas que yo utilizaba como pequeños lienzos para dibujar. Cuando empecé a desarrollar Gudrun, las bellotas fueron una de mis primeras referencias. Hoy, aparecen en algunas de mis piezas favoritas, como la tetera de porcelana o las tazas de café y té. Expuestas juntas, tienen un encanto muy especial.
Para las fotografías de ambiente de la colección, se encargó personalmente del estilismo utilizando las mesas de madera de Coldham Hall. ¿Cómo cambia el proceso creativo cuando se diseña pensando en los propios espacios y no en un estudio o un escenario comercial?
Todo lo que hago, lo diseño en primer lugar para mí misma. Crecí rodeada de vajillas muy formales, siempre perfectamente conjuntadas, hasta que me di cuenta de que, personalmente, prefiero mezclar objetos diferentes. Decorar mi casa con cosas bonitas —desde obras de arte hasta velas, pasando por muebles vintage y piezas que he ido encontrando por todo el mundo— es una de mis grandes pasiones.

Sus dos casas son completamente distintas. Coldham Hall, construida en 1574, está protegida como edificio histórico, mientras que su vivienda de Oxfordshire tiene un lenguaje mucho más contemporáneo. ¿Cómo consigue preservar la historia de un lugar y, al mismo tiempo, crear un hogar actual? ¿Qué diálogo busca establecer entre ambos mundos?
Me encantan el arte, el diseño y el interiorismo. En Suffolk, quise reinterpretar la clásica casa de campo inglesa desde una perspectiva más actual. Combiné muebles de roble claro y oscuro con toques de verde, rojo y naranja, papeles pintados con distintos motivos y obras de arte contemporáneo que crean un sugerente contraste. Elegí tejidos resistentes que funcionan también con perros embarrados que entran del jardín, y diseñé pequeños rincones para disfrutar del calor de la chimenea incluso en los días más frescos del verano. Es una casa que transmite energía e inspira.
En otro tiempo, Coldham Hall perteneció a la familia Rookwood. En 1605, Ambrose Rookwood fue uno de los protagonistas de la Conspiración de la Pólvora. Según la leyenda, los conspiradores católicos, entre ellos Guy Fawkes, se reunieron allí antes de partir hacia Londres con el propósito de hacer volar por los aires el Parlamento inglés y asesinar al rey Jacobo I. La finca se llamaba originalmente Rockwood Hall. Según la tradición, su nombre actual se debe a una visita de Isabel I, a quien sirvieron jamón frío (cold ham). La reina se escandalizó tanto por semejante descortesía que rebautizó la propiedad como Coldham Hall.
Cuando los días empiezan a hacerse más cortos y llega el otoño, ¿cómo convierte su casa en un refugio acogedor?
¡Enciendo muchísimas velas! Un elemento que, en mi opinión, mejora notablemente la calidad de vida en casa. Diseñé las piezas de la colección Gudrun pensando en que combinaran con mis mesas de madera de los años cincuenta. Sus tonos cálidos y terrosos recrean la atmósfera del otoño en los espacios interiores. También están muy presentes en mis refugios de fin de semana. Allí, sus colores intensos y sus motivos estacionales, como las setas, las hojas y las bellotas, junto al fuego de la chimenea, crean un ambiente especialmente acogedor. Me encanta comprobar cómo estas cerámicas transforman un espacio con tanta delicadeza. Quedan preciosas junto a unos ramos de hortensias verdes o unas velas de color crema, mientras que la colección Butterfly despierta con la llegada de la primavera.
Todo esto suena como si estuviera cuidadosamente planeado. En una ocasión, un periodista de moda la definió como «la modelo que nunca se equivoca». Usted respondió que sí que comete errores, pero que procura no repetirlos dos veces. Mirando atrás, ¿qué revés ha sido el más valioso y qué le enseñó?
Cada contratiempo me ha enseñado a perseverar y a ser más fuerte. Pero, sobre todo, he aprendido a no tomarme las cosas como algo personal.
En cuanto a sueños creativos, ¿le queda alguno por cumplir?
No, realmente no. No soy de las que pospone sus sueños para el futuro. A veces las cosas no salen como esperas, pero siempre merece la pena intentarlo. Tengo muchos proyectos en mente; ya veremos cuáles terminan haciéndose realidad.

Merle Wilkening
Como redactora senior de GG Magazine, Merle Wilkening escribe sobre las personas, los lugares y las ideas que mueven nuestro mundo. Lo que más le apasiona es entrevistar a personalidades que transmiten su vocación con auténtico entusiasmo. Su curiosidad la lleva continuamente a viajar hacia el sol, en busca de encuentros singulares y de las historias que se esconden tras los destinos más fascinantes del planeta. Sus descubrimientos culinarios van desde el restaurante preferido del barrio hasta la alta cocina galardonada con estrellas Michelin.
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