Edición
04/26
Ubicación
Irlanda
Como puente entre el mundo del arte y del diseño, Joseph Walsh crea piezas funcionales a la vez que de una extraordinaria fuerza estética.
Sus obras combinan la sencillez y la extravagancia, la naturalidad y la complejidad. Parecen a la vez ancestrales y futuristas, como si hubieran brotado de forma espontánea en lugar de haber sido concebidas por la mano del hombre. Nacido en Irlanda en 1979, Joseph Walsh crea muebles y objetos de altísima calidad, llevando la artesanía a su máxima expresión. Para el duque y la duquesa de Devonshire diseñó las sillas de la mansión histórica Chatsworth House, y entre sus admiradores figuran personalidades como el actor Jeremy Irons o el expresidente del Grupo Gucci, Domenico De Sole. El material predilecto de Joseph Walsh es la madera. En nuestra entrevista, este carismático autodidacta revela su profunda fascinación por los árboles centenarios, de los que surgen sus obras. Nos habla de una crisis incisiva en su trayectoria, de la inspiración que encuentra en la naturaleza indómita de Irlanda y de dos consejos, nunca solicitados, que le cambiaron la vida. Descubrimos, además, los detalles de su última exposición en París y qué es lo que le impulsa a regresar cada día a su taller para transformar, con paciencia, pasión y la mente relajada, la madera en formas siempre nuevas y sorprendentes.


Joseph Walsh, ¿se encuentra usted actualmente en Nueva York?
Sí. Llevo quince años viniendo varias veces al año. Nueva York ocupa un lugar muy importante en mi vida. En estos momentos, estoy aquí para repasar una de mis piezas, instalar otra y reunirme con algunos clientes. Mi agenda se suele llenar rápidamente.
Pero su trabajo está estrechamente vinculado a su patria, Irlanda, ¿verdad?
Es cierto. Sin embargo, mis obras también se adaptan a otros contextos. Últimamente, he llevado a cabo un proyecto en Japón. Las piezas son una reacción a lo que me rodea. En Irlanda, el viento está siempre presente. Mi estudio se encuentra cerca del mar, lo que me da la sensación de estar en los confines de Europa. Si trabajara en el continente, mis obras probablemente estarían menos influenciadas por el azar, pero serían un poco más formales y también de mayor tamaño.
Un árbol merece ser honrado, respetado y valorado. Cuanto más lo apreciamos, más nos devuelve
¿Hubo alguna experiencia temprana con la madera que le cambiara la vida?
Empecé a trabajar y a tallar la madera desde pequeño, aunque por aquel entonces lo hacía de forma muy amateur. A los doce años construí mi primer mueble. Para nuestros vecinos era un chico peculiar, pero también despertaba su interés porque me tomaba en serio todo lo que hacía. Para mi decimoquinto cumpleaños, uno de ellos, un amable señor de unos ochenta y cinco años, me regaló unos árboles. Eran fresnos, lo recuerdo perfectamente. Me llevó a dar un paseo por su finca y me explicó: «Conozco estos árboles de toda la vida. Han crecido muy lentamente, porque este terreno es pobre. Son perfectos para fabricar muebles magníficos». A los quince años sabía muy poco sobre la madera, como, por ejemplo, que durante el proceso de elaboración puede contraerse o expandirse, y lo elástica que es. Pero, con el paso de los años, las palabras de aquel vecino fueron cobrando cada vez más sentido. Los árboles se talaron y serraron. Como agradecimiento, le hice una estantería con esa madera. Era un caballero maravilloso, de la vieja escuela, que vivía en una gran casa de estilo georgiano. Por desgracia, años más tarde quedó destruida por un incendio, incluida la estantería. Desde entonces trabajo con madera de fresno. Recuerdo perfectamente la primera vez que vi las virutas frescas. Hasta entonces, solo conocía la madera secada artificialmente. Esta, en cambio, había crecido despacio y se había secado al aire libre, lo que para mí supuso una experiencia reveladora…


¿Según qué criterios elige hoy en día la madera para sus obras?
Desde hace quince años, recibo la madera de una señora en Francia. De alguna manera, siempre es ella quien da el primer paso. Sabe qué tipo de madera me gusta, qué quiero conseguir y, por tanto, elige los árboles en consecuencia. Voy a visitarla una vez al año. También ocurre que alguna finca me ofrece árboles centenarios sueltos. A partir de ellos he desarrollado el proyecto Tree Legacy. La última vez, los propietarios de Lismore Castle me ofrecieron un tejo, que había crecido muy lentamente. Tenía unos quinientos años, era un ejemplar extraordinario. Imagínese este árbol, en este lugar de gran importancia histórica: fue plantado en una residencia episcopal, luego vivió el Cisma anglicano y pasó a ser propiedad de sir Walter Raleigh en 1589. Posteriormente, las tierras fueron a parar a las manos de la familia Boyle, emparentada con los Devonshire por matrimonio. Este tejo había sido testigo de todo ello. Queríamos dedicar a su elaboración todo el tiempo que merecía y, a la vez, documentar sus orígenes. Un artista realizó un dibujo del árbol y de sus alrededores. Además, describimos la historia del lugar a lo largo de la dilatada vida de este tejo. Resulta muy sugerente considerar la madera como el organismo vivo que en el pasado formó parte del entorno en el que vivió. El árbol merece ser honrado, respetado y apreciado. Cuanto más lo apreciamos, más alegría nos devuelve. Al mismo tiempo, una actitud de este tipo nos permite cambiar nuestros patrones mentales y romper el ciclo del consumismo continuo.
En su trabajo también se deja guiar por las particularidades del material. ¿Cómo influye la propia madera en la forma final de cada pieza?
Hubo un momento concreto en que cambió mi manera de trabajar. Curiosamente, también tiene que ver con Nueva York. En 2008, presenté aquí veintitrés piezas, algunas nuevas y otras cedidas por clientes. En aquel momento, el proyecto era muy importante para mí. Sin embargo, cuanto más escuchaba las reacciones, opiniones e interpretaciones de los visitantes, mayor era mi frustración. De regreso en Irlanda, recibí una carta de Jack Lenor Larsen, un prestigioso diseñador textil que hasta entonces no conocía. Era una carta preciosa, escrita con mucho esmero y sentido estético. Larsen había visto mi exposición y me decía: «No le conozco, pero le escribo como un abuelo afectuoso dispuesto a darle un consejo que no me ha pedido. Puntuaría su maestría artesanal con un 16 sobre 10, pero aún no ha encontrado su verdadera voz artística. Para lograrla, tiene que llegar al fondo de sí mismo».
Pensaba que quizá sería la última pieza que crearía, que el resultado sería desastroso. Pero en ese momento eso dejó de importarme. Quería hacer algo libre. Y sigo pensando igual desde entonces
Un consejo no solicitado, además de directo...
Sí, en aquella época atravesaba un momento de profunda insatisfacción con mi trabajo. Después de esa exposición, habría querido destruirlo todo, pero no podía porque muchas de las piezas pertenecían a mis clientes. Entonces leí la carta de Larsen. En ella también aseguraba: «Creo que tendría que estudiar la delicadeza de los huesos de las aves. Incluso una persona ciega debería poder disfrutar de la belleza de sus obras».Comencé a liberar de toda rigidez las formas de una de mis piezas más recientes, guiándolas hacia una mayor suavidad. Mientras trabajaba, imaginaba a una persona ciega recorriendo la madera con las manos. A partir de entonces, todo cambió. Fue el verdadero punto de inflexión. También empezó a tomar forma otra idea: el complejo ADN de la madera ya contiene, en cierto modo, su forma definitiva. Sin la intervención de la naturaleza, un árbol tendría una geometría perfecta. Sin embargo, son los insectos, el viento y el paso del tiempo los que lo modelan y le dan el aspecto que finalmente adquiere. De algún modo, la fuerza y la capacidad de adaptación de la naturaleza se convirtieron en mi manera de entender el diseño. Este enfoque me ayudó a ser más abierto y a aceptar que el resultado pudiera superar un dibujo rígido sobre el papel, encerrado en una retícula perfecta. Me di permiso para cambiar y asumir riesgos. Recuerdo perfectamente cuando hice la primera mesa de la serie Enignum. Me preocupaba estar rompiendo todas las reglas que había seguido hasta entonces. Pensaba que quizá sería la última pieza que crearía, que el resultado sería desastroso. Pero en ese momento eso dejó de importarme. Quería hacer algo libre. Y desde entonces sigo pensando igual.

Menos mal que fue lo bastante receptivo para aceptar también aquel consejo. ¿Qué se podrá ver en su exposición de París?
Entre septiembre y octubre, mostraremos en los magníficos espacios del Hôtel de Sully varias de mis obras, junto con las historias que las rodean. También exhibiremos piezas que normalmente no pueden mostrarse. Además, en el jardín está tomando forma una gran escultura, una obra monumental en la que llevo trabajando varios años y que abordo casi como un proyecto de investigación. Paralelamente, la exposición irá acompañada de un programa cultural.
Comencé a liberar de toda rigidez las formas de una de mis piezas más recientes, guiándolas hacia una mayor suavidad. Mientras trabajaba, imaginaba a una persona ciega recorriendo la madera con las manos
Suena apasionante. ¿Qué lo impulsa a seguir creando?
Mi trabajo me aporta una satisfacción inmensa. Me conecta con el mundo y me permite aprender constantemente. Disfruto colaborando con personas de culturas muy distintas, pero también me encanta estar en mi estudio. Me motivan los desafíos y la disciplina. Hay algo muy reconfortante en la continuidad del proceso creativo y en contemplar todas las obras realizadas durante un año como un conjunto. Eso me impulsa a seguir adelante. Al mismo tiempo, existe el riesgo de perderse en el trabajo, de no darse cuenta de cómo pasan los días porque estás disfrutando tanto de lo que haces. Pero, en el fondo, tengo la sensación de dedicar mi vida a algo que realmente tiene sentido. No sabría imaginarme haciendo otra cosa.

Bettina Krause
Desde hace más de 15 años, la periodista independiente Bettina Krause escribe para numerosas publicaciones de alto nivel sobre arte, diseño, arquitectura y viajes. Afincada en Berlín, lo que más le apasiona es entrevistar a personalidades inspiradoras y viajar por todo el mundo para sus reportajes.




