
- 8 min leer
- 05.06.2026
- por Merle Wilkening
Mariko Mori – Ser de luz

Edición
03/26
Ubicación
Miyako Island, Japan
Fotografía
Yoshihiro Makino, Richard Learoyd, Jason Wyche, Kazuyoshi Shimomura
Ella misma se presenta como una figura etérea en blanco. Del mismo modo resplandecen sus obras de estética orgánica y futurista. La artista Mariko Mori lleva más de treinta años explorando la existencia humana. Tiende un puente entre lo natural y lo sobrenatural, entre la tecnología moderna y la espiritualidad. Una conversación sobre la búsqueda de la luz interior.
Tres décadas de luz
Detrás de ella se despliega un fondo animado de luz intensa. Rayos claros llenan el espacio digital y envuelven a la artista, vestida de riguroso blanco. Lleva el cabello impecablemente recogido y transmite una calma profunda, casi inalterable. Durante la videollamada desde Tokio, escoge cada palabra con cuidado. Hablamos un 11 de marzo, una fecha grabada en la memoria colectiva de Japón. Mientras las noticias recuerdan la catástrofe del tsunami de hace quince años, la presencia de Mori parece un silencioso contrapunto frente a la oscuridad.
Es esa inclinación consciente hacia la claridad la que define la totalidad de su práctica artística. En sus obras, Mariko Mori busca respuestas a una de las grandes cuestiones de la humanidad: ¿qué es aquello que nos une en lo más profundo? Sus creaciones constituyen un intento de hacer perceptibles los hilos invisibles que conectan la mente humana, la naturaleza y el cosmos infinito. Al contemplar su producción de las últimas tres décadas, se advierte una constante depuración de su mirada. Nacida en 1967 en Tokio, inició su trayectoria en los años noventa con trabajos performativos en los que se representaba como cíborg o diosa manga futurista. Con el tiempo, su estética evolucionó hacia una claridad casi meditativa. Hoy entrelaza la física cuántica y la astrofísica con filosofías ancestrales: un recorrido que, en última instancia, nos conduce de regreso a nuestro propio origen, la luz de la que todos estamos hechos.

El arte como proceso de conocimiento
Su estilo artístico ha evolucionado a lo largo de las décadas. ¿Cómo describiría la esencia de su obra?
Mariko Mori: Mi trabajo explora la naturaleza de la conciencia, el origen de la vida y de la humanidad, así como nuestra relación con el cosmos. Cuando tenía poco más de veinte años, empecé a cuestionar el espíritu humano: si es eterno o si desaparecemos tras la muerte. Busco respuestas en la filosofía, la espiritualidad y la ciencia. Mis obras tienden puentes entre mitologías, tecnología y cultura contemporánea, con el fin de crear un espacio en el que el espectador pueda sentir su conexión con una unidad universal.
¿Cómo interpreta, en este contexto, el concepto de flow?
Flow significa para mí un movimiento continuo que conecta todas las formas de existencia, desde las partículas elementales más diminutas hasta el ritmo de la naturaleza. Representa la energía de todo lo que es. En series como "Cyclic" o "Ekpyrotic String", intento visualizar ese flujo como círculos sin fin, casi como un universo infinito.

Habla usted de lo infinito. ¿Es entonces su arte también un proceso continuo, sin respuestas definitivas?
Es un desafío que no termina nunca. Es como si una puerta se abriera constantemente hacia otra. Aún no he encontrado una respuesta final, pero he llegado a un punto en el que percibo cuál es la esencia de nuestra vida. Mis obras son el vehículo para compartir estos descubrimientos.

En armonía con la naturaleza y con uno mismo
¿Le resulta más sencillo transmitir esto visualmente, a través del arte, que expresarlo con palabras?
Sí, porque el lenguaje tiene sus límites. Algunas de mis obras apelan a los seis sentidos. Cuando una obra sale bien, puede alcanzar la conciencia profunda del espectador, que entonces se vincula verdaderamente con ella. Poseemos una conciencia superficial, pero por debajo existen muchas capas. Con esa conciencia más profunda, invisible, estamos siempre conectados con nosotros mismos. Espero que mi trabajo logre alcanzar ese nivel.
¿Practica rituales cotidianos para alcanzar ese estado de conexión profunda consigo misma?
Me gusta comenzar el día con un paseo hacia un santuario cercano a mi casa, y caminar alrededor de una hora y media por el parque que lo rodea. También practico una forma de meditación para concentrarme, me resulta de gran ayuda. Pero, sobre todo, procuro estar al menos una vez al mes en la isla de Miyako para pasar tiempo en ella y formar parte de la naturaleza. Esa sensación es para mí sumamente valiosa.

Allí diseñó su casa, "Yuputira", con un enfoque orgánico. ¿Qué atmósfera deseaba crear?
Quería que se sintiera como una extensión del paisaje. La estructura refleja el entorno natural e intenta acoger todo lo que este nos ofrece. Las formas están concebidas para, por ejemplo, contener el fuerte viento del norte. Las ventanas se encuentran orientadas de un modo deliberado: las más grandes, hacia el atardecer; las más pequeñas, hacia el amanecer. Al mismo tiempo, pensé en las viviendas prehistóricas y en cómo sería vivir en una cueva, uno de los primeros hogares del ser humano. Una cueva es cálida y protectora. Esa es la sensación que quería reflejar en esta casa.
Me gusta pensar que el espacio en nuestras mentes es infinito. Con Yuputira, quería crear un lugar quereflejara esta sensación ilimitada de inmensidad.
¿No forma también parte de la naturaleza humana que un niño, en el vientre materno, se sienta tan protegido como en una cueva?
Sí, se parece mucho a un capullo. Mi casa, "Yuputira", no tiene esquinas. Con ello, quise crear un entorno que transmita una sensación de amplitud, pues considero que el espacio en nuestra mente es infinito. En mi casa, me siento muy protegida, tanto de las tormentas como de los rigores de la naturaleza.

De la idea a la tecnología
Muchos de sus proyectos requieren años hasta adquirir forma física. ¿Cuánto tiempo dedica al desarrollo de sus ideas?
Depende. En el caso de "Yuputira", trabajé cinco años en el diseño. Al tratarse de mi primer proyecto arquitectónico, tuve que realizar una extensa investigación en ingeniería. He aprendido que el tiempo no se puede forzar. A veces, debo esperar a que cierta tecnología esté disponible, o incluso desarrollarla junto a ingenieros. Simplemente, sigo el proceso, como un bebé que necesita su tiempo para llegar a nacer.
¿Cómo elige la tecnología adecuada para sus proyectos? ¿Qué surge primero: la técnica o la idea?
Tuve mucha suerte de conocer a grandes ingenieros de sistemas al principio de mi carrera. Colaborar con el difunto ganador del Premio Nobel Masatoshi Koshiba supuso un reto especial. Fue difícil convencerle de que participara en mi proyecto, pero no me rendí. Los científicos están muy abiertos a nuevas ideas. Fue una oportunidad maravillosa para aprender más sobre las partículas primarias y la física. El proceso de creación es realmente un regalo que me ayuda a encontrar respuestas a las preguntas que llevo dentro.
Tecnología y ciclo cósmico
En su obra "Tom Na H-iu" tecnología e instalación conforman una unidad visible. ¿Cuál fue la intención?
"Tom Na H-iu" es un antiguo término celta para el más allá. He visitado numerosos sitios prehistóricos en Inglaterra, Escocia y Japón, y el tema universal en todos ellos es el renacimiento de la naturaleza. Quise visualizar esta idea mediante una escultura interactiva, conectada al detector de neutrinos Super-Kamiokande. Cuando una estrella de nuestra galaxia explota —un fenómeno denominado supernova—, muchos neutrinos atraviesan la Tierra. La escultura utiliza la luz para mostrar esos acontecimientos en tiempo real. Con ello, quise recordar a los espectadores que la muerte de una estrella puede significar el fin de un astro, pero que también es un comienzo de vida, porque nuestras vidas dependen de los átomos que una estrella libera al explotar. Formamos parte de un ciclo continuo de renacimiento, al igual que en la filosofía budista de la reencarnación.

La luz y el color blanco son elementos clave en su obra. ¿Es cierto que siempre viste de blanco?
Sí, visto de blanco desde 1998. Blanco inmaculado en verano y blanco roto en invierno. Para mí, el blanco es el color que más se acerca a la luz. Tuve una experiencia espiritual en la que se manifestaba una luz tan deslumbrante que no se podía mirar directamente, como la luz cegadora del sol. Pero la luz que vi estaba llena de un amor y una compasión profundos, un millón de veces más intensos que cualquier cosa que hubiera experimentado antes. Por eso, para recordar ese amor y esa experiencia, siempre visto de blanco.
Cuando nace un niño, lo primero que ve es la luz del mundo. Las personas que han tenido experiencias cercanas a la muerte también hablan de ver una luz brillante. ¿Considera usted que la luz forma parte de nuestro ciclo de vida humano?
Sí. Para todos los seres vivos, la fuerza de la energía es una luz interior. Si uno se centra demasiado en el mundo material, no experimenta esa luz. Pero cuando uno se rodea de la naturaleza, empieza a sentir la energía y recuerda su pureza.
En otoño, el Mori Art Museum de Japón presentará sus obras. ¿Qué le gustaría compartir con los visitantes?
Se trata de una retrospectiva de mi trabajo de las últimas tres décadas, por lo que los espectadores podrán seguir el recorrido que he realizado. He aprendido algo en cada paso, y espero que los espectadores puedan compartir esta experiencia. Las respuestas solo llegan si uno mismo atraviesa la luz; es como en la tradición japonesa de recolectar semillas. Si siguen mi camino a través de la exposición, espero que puedan reconocer mi visión.
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