- 6 min leer
- 5.3.2026
- por Merle Wilkening
Entrevista exclusiva con Pierce Brosnan – «Soy lo que soy gracias al arte».

Edición
02/26
Ubicación
Kauai, EE. UU.
Famoso en todo el mundo por sus legendarios papeles en el cine y la televisión, Pierce Brosnan cultiva una pasión igual de profunda, pero más silenciosa: la pintura. Nos habla de la inspiración, del equilibrio y de cómo el arte le ha acompañado a lo largo de toda su vida.
Pierce Brosnan: un hombre, dos pasiones
Cualquiera que solicite entrevistar a Pierce Brosnan recibe antes que nada una lección de espontaneidad: «¿Le vendría bien mañana?», me preguntan, antes de añadir: «Él la llamará». Teniendo en cuenta que el hombre con el que quiero hablar ha interpretado el icónico papel del agente secreto 007 como si fuera su alter ego, de entrada pensaría que es el tipo de persona acostumbrada a decir «No me llame, yo la llamaré», para luego ignorarme con total indiferencia.
Pierce Brosnan cumple su promesa. Hay doce horas de diferencia entre su casa en la isla hawaiana de Kauai y la redacción de GG en Hamburgo cuando suena el teléfono. Se ha levantado temprano; en su huso horario son poco más de las siete de la mañana. «Hola, soy Pierce Brosnan», dice sin rodeos una voz grave al otro lado de la línea.
No hemos concertado esta cita para hablar de James Bond, ese fascinante y temerario personaje asociado a Brosnan incluso décadas después del estreno de sus películas. Queremos hablar de su segunda gran pasión, el arte.


Entre el bloc de dibujo y el guion
Después de terminar la escuela, este irlandés de nacimiento comenzó una formación como diseñador gráfico publicitario, dispuesto a ganarse la vida como artista. Pero entonces se cruzó en su camino la interpretación: la serie de televisión Remington Steele le catapultó al éxito internacional. La pintura siguió siendo una pasión silente, que no ha salido a la luz pública hasta hace unos años.
Mr Brosnan, usted ya pintaba antes de convertirse en uno de los actores más renombrados de su generación. ¿Cómo ha influido su vena artística en su visión del mundo?
Supongo que siempre he contemplado el mundo con una mirada creativa y apasionada. Me fascina la dimensión romántica de la interpretación y la poesía inherente a la vida del artista. Mi profesión de actor me permite una existencia que impregna y alimenta mis intenciones creativas, mis gestos y mis decisiones.
Dejé la escuela a los dieciséis años. Lo único que tenía entonces era una carpeta repleta de dibujos y pinturas. Con ella conseguí un puesto de aprendiz de ilustrador comercial. Cuando lo pienso, fue precisamente ese primer book el que me abrió las puertas a una vida creativa, y el sueño de convertirme en artista comenzó a tomar forma. La vocación por la interpretación llegó más tarde. Mi pasión por el arte y mi profesión de actor van de la mano y se enriquecen mutuamente.

Las imágenes de una vida
Echando la mirada atrás, ¿se acuerda de su primer dibujo?
Todavía recuerdo el retrato que hice de un compañero de clase. De alguna manera, sigo dibujando así hoy en día. Los espacios, los personajes... Supongo que todos son, de alguna manera, autorretratos. Reconozco en aquellos trabajos de juventud las primeras etapas de lo que vendría después.
Pero empecé a pintar de verdad cuando mi difunta esposa, Cassandra, enfermó de cáncer. Disfrutaba con el arte que creaba y todavía conservo esas obras. So Many Dreams, la exposición que presenté en Los Ángeles en 2023, fue, en cierto sentido, una retrospectiva. Reunía cincuenta pinturas y cien dibujos que, juntos, conformaban una sola obra. Aún guardo en mi archivo cuadros que pinté en 1995, en 1985... Todos están almacenados.
Una de las sorpresas más bonitas de mi vida la viví el día que volví a casa después de un viaje al extranjero. Mis hijos habían ido a mi estudio y cada uno había elegido siete cuadros para colgarlos en su habitación. Me sentí profundamente honrado de que mis hijos apreciaran y valoraran de tal manera mi trabajo artístico.
Debió de sentirse muy orgulloso...
¡Mucho! De hecho, mi hijo Paris está en pleno proceso de convertirse también en pintor. El pasado otoño hizo una gira por Alemania. Su obra es realmente poderosa.
Reconoce algunas similitudes entre el estilo de su hijo y su propia creación?
Sí, reconozco una cierta influencia. Hay simbolismos en sus cuadros que yo también he utilizado. A veces pintamos juntos, una actividad que me colma de alegría y satisfacción.

El arte como recogimiento interior
¿Cómo le ayuda la pintura en los momentos difíciles o, a la inversa, en las épocas más felices de su vida?
Algunas de mis mejores obras nacen de procesos de introspección, de momentos en los que se atraviesa una realidad marcada por el sufrimiento y el dolor. Una de las grandes virtudes de la pintura es su capacidad para brindarnos consuelo. Por supuesto, el propio acto de pintar es una fuente de placer en sí mismo: se entra en el estudio sin una idea clara de lo que se va a hacer y, de pronto, surge una obra creada de manera espontánea, fruto de la pura alegría de vivir ese instante preciso. La pintura opera en ambos planos, siempre alimentada por emociones intensas.
Dibujo constantemente; siempre llevo conmigo cuadernos de bocetos y algunos colores. En los rodajes cinematográficos, es habitual tener días libres o tiempos de espera entre una escena y otra. ¿Qué hacer con ese tiempo? Si no hay que rodar grandes diálogos, me retiro a mi tráiler para pintar o dibujar. En la mayoría de los casos, esos dibujos se convierten después en cuadros. Se podría decir que se trata de un proceso creativo continuo que ha ido evolucionando con los años y convirtiéndose en una pasión cada vez más profunda.
Me encanta el mundo del surrealismo. Me encanta la palabra surrealismo
¿Cree que sería capaz de elegir entre la interpretación y la pintura?
Sería muy difícil. Me encanta mi trabajo como actor. Me plantea grandes retos y es muy gratificante ver una película terminada y presentada al público. Al mismo tiempo, disfruto creando obras que irradian emoción y fuerza, a veces con un carácter atemporal. Me gustaría poder dedicarme a las dos cosas, pero creo que, por ahora, me quedaré con la interpretación. Entre otras cosas, porque se gana más (se ríe).
¿Dónde encuentra la inspiración para su trabajo creativo?
A veces, la vida del actor puede ser bastante solitaria. Cuando llevo varios días estudiando mi guion, llega un momento en que me pongo a dibujar, por lo general naturalezas muertas. Tengo una serie de obras titulada From Where I Sit. Puede tratarse de un paisaje o de la vista desde una ventana concreta, aquella frente a la que estoy sentado. También tengo una serie de cuadros dedicados a las sillas, la mayoría basados en dibujos que después se convirtieron en pinturas. Vincent van Gogh es uno de mis artistas favoritos y su obra me inspira profundamente. La inspiración nace, sobre todo, de un proceso de reflexión intensa. La pintura es un elemento calmante en la vorágine de mi vida, una forma de meditación y una manera de entrar conscientemente en contacto con lo que me rodea y de arraigarme en la realidad.

Lo que queda pertenece al corazón
Si tuviera que describir sus obras a alguien incapaz de verlas, ¿cómo lo haría?
Es una pregunta difícil de contestar. Color, movimiento, surrealismo... Me encanta el mundo del surrealismo. Me encanta la palabra surrealismo. Uno de los primeros artistas que cautivó por completo mi imaginación fue Salvador Dalí. Sus obras me abrieron el camino hacia una mayor libertad expresiva y me despojaron de los prejuicios relacionados con la forma y el color. Una noche oscura, en la época en que mi mujer enfermó, empecé a pintar, sin más. Me acerqué al lienzo, sin tener ni idea de cómo sostener un pincel ni de cómo utilizarlo. Así nació un color que me llenó de esperanza y me aportó un poco de ligereza y consuelo.
Ha dicho que conserva esos cuadros hasta hoy. Surgieron en un momento de una gran conexión íntima con su difunta esposa. ¿Se ha planteado venderlos alguna vez?
No, creo que no. Mi esposa actual, Keely, y yo llevamos juntos 31 años. He tenido la fortuna de compartir mi vida con mujeres extraordinarias que me han apoyado y estimulado. Fue Keely quien me dijo: «Tienes que mostrar tus obras, no tiene sentido seguir guardándolas en un almacén». Así que se dedicó a ordenar la colección. Nos llevó tres años reunir los cuadros, captar el efecto del conjunto y encontrar una galería. Cuando por fin los tuvimos todos colgados y con sus respectivas cartelas, Keely fijó los precios de cada obra, todos bastante elevados (se ríe). Como resultado, todavía conservo esas piezas: son trabajos muy valiosos, significativos y profundamente personales. De aquella exposición nació también mi reciente colaboración con Stefanie Hering.
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De la pantalla al jarrón
Junto con la diseñadora y ceramista berlinesa Stefanie Hering, fundadora de la firma Hering Berlin, ha desarrollado una edición limitada de jarrones de porcelana exclusivos, decorados con sus obras de arte. La serie lleva el mismo nombre que su primera exposición individual: So Many Dreams.
Mi mujer, Keely, siempre me decía: «Deberías ir a Art Basel Miami». Bueno, al final fuimos y participé en un almuerzo con unas cuarenta personas. Una de ellas era Stefanie. Keely, que estaba sentada a su lado, me agarró del brazo y me dijo: «Tienes que conocer a esta mujer, ven a sentarte aquí». Así fue como me senté junto a Stefanie, hicimos amistad y creamos esta serie de jarrones escultóricos de porcelana.
¿Supuso un desafío trabajar con soportes y técnicas completamente nuevos?
En realidad, no fue un gran desafío, porque mi trabajo ya estaba hecho: dibujos de líneas sencillas que realizo con frecuencia y de los que guardo muchísimos en distintas carpetas. Lo único que había que hacer era enviárselos a Stefanie. Ella hizo una selección y yo estuve de acuerdo. Nos decíamos cosas como «sí, esto funciona bien» o «hagámoslo así». Fue realmente sencillo. Stefanie es una artesana excepcional, una gran artista y una ceramista extraordinaria. Sus piezas son maravillosas, elegantes y modernas. Disfruté muchísimo de su compañía; congeniamos de inmediato. Los resultados son obras contemporáneas con mucho estilo y cada una cuenta una historia. Tengo la sensación de que están impregnadas de una profunda calma.
¿Estos jarrones también tienen un lugar en su casa? ¿Qué siente al mirarlos?
Sí, tengo algunos en mi casa de Malibú. Estoy muy orgulloso de este trabajo. Cuando los observo, veo la alegría ligada a la amistad, al proceso creativo, a la vida... a la experiencia de haber creado algo junto a otra artista a la que admiro.

La duda se enfrenta a la confianza
¿Alguna vez se ha dedicado a la alfarería?
Todavía no, ¡pero pienso hacerlo! Compramos un torno de alfarero para mi hijo Paris, que por ahora está guardado en algún almacén, sin estrenar. Uno de estos días lo buscaré y probaré a trabajar el barro. Me encantaría crear jarrones con mis propias manos.
Ahora mismo, ¿se centra más en el arte que en el cine?
Actualmente, estoy reflexionando sobre mi próxima exposición. Todavía no estoy muy seguro de dónde celebrarla. Además, me gustaría organizar una muestra con mi hijo Paris; sería maravilloso trabajar con él. Por ahora, es todo lo que sé. Y, mientras tanto, seguiré actuando...
Es usted un artista autodidacta. ¿Ha sentido alguna vez miedo al enfrentarse a un lienzo en blanco?
Claro que sí, ¿quién no? Aunque normalmente sé bien lo qué voy a pintar. Antes, a veces me intimidaba la idea de tener que pintar un cuadro entero. Empezaba de manera relajada, preparaba el fondo y todo parecía perfecto. Pero, de repente, algo su-cedía y ya no sabía cómo continuar. Me perdía, empezaba a darle demasiadas vueltas y me quedaba casi paralizado por el miedo, porque el cuadro me gustaba mucho y temía estropearlo. También hay momentos en los que no sientes ninguna pasión por tu obra; en ese caso, hay que aceptar esa sensación sin preocuparse en exceso. Porque llegará un día en que te despertarás y sabrás exactamente qué hacer para seguir adelante.
¿Qué le aporta la pintura que no le ofrece la interpretación?
La interpretación se basa en la colaboración de muchas personas: el guionista, el director, los demás actores y actrices. Siempre estás acompañado y obligado a interactuar constantemente, lo que implica escuchar y reaccionar. La pintura, en cambio, es una actividad solitaria: solo están los pinceles, el lienzo y los colores; te encuentras inmerso en tu propio limbo creativo. Es profundamente introspectiva; hay una gran quietud, un movimiento interior atravesado por impulsos creativos. La pintura y la interpretación me nutren de manera diferente. Ambas despiertan mi deseo y necesidad de crear; son partes esenciales de mi vida. Gracias a ellas soy quien soy.
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