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Nino Redruello: liderazgo, hostelería y la importancia de crear hogares
A finales de noviembre tuvimos el placer y el honor de hablar con Nino Redruello , un cocinero cuya fama le precede.

Nino Redruello es mucho más que un chef: es un referente de la hostelería española que ha sabido unir tradición familiar, innovación y un liderazgo profundamente humano. Criado entre fogones, ha convertido sus restaurantes en auténticas casas de comidas, donde el cuidado de las personas es tan importante como la experiencia alrededor de la mesa.
A finales de noviembre tuvimos el placer de conversar con él en nuestras oficinas, en el marco del primer encuentro de E&V Talks, una charla cercana dirigida a nuestros equipos que conectó de forma natural con nuestra campaña, un homenaje a los momentos que se comparten en casa:“En Engel & Völkers creemos en los hogares que se viven”, porque donde hay amor hay un hogar. Una campaña que rinde homenaje a esos lugares donde se cocina, se comparte y nacen los recuerdos.
En esta conversación, el chef y empresario nos habló de vocación, legado familiar y de cómo crecer sin perder de vista lo esencial: las personas.
¿Quién es Nino Redruello y cómo empieza su camino en la cocina?
Vocación, familia y primeros pasos en la cocina
Nino se define ante todo como cocinero, una profesión que forma parte de su vida desde la infancia. Creció en una familia de taberneros donde la hostelería no era solo un trabajo, sino una forma de vivir. Aunque heredó el oficio, reconoce que tuvo la suerte, y la capacidad, de enamorarse de él con el paso del tiempo.
Desde muy joven entendió que la cocina va mucho más allá de los platos: es un lenguaje lleno de símbolos, detalles y emociones. Para él, cada decisión en un restaurante transmite una manera de entender el mundo, de relacionarse con los demás y de cuidar a quien entra por la puerta.
El peso del legado y la responsabilidad de continuar
Crecer escuchando historias de esfuerzo del abuelo y del bisabuelo marcó profundamente su carácter. Desde adolescente sintió el peso de continuar una tradición centenaria, una responsabilidad que durante años le generó inseguridad y miedo al error.
Esa presión convivió con su aprendizaje en grandes templos de la alta cocina como el Bulli, donde experimentó la creatividad extrema y el asombro constante. Sin embargo, fue al regresar a los restaurantes familiares cuando entendió el verdadero valor de su origen: la cocina sencilla, honesta y profundamente emocional.
Creatividad, identidad y crecimiento natural
La experiencia en la alta cocina le abrió la mente, pero también le ayudó a reafirmar su identidad. Los proyectos de su familia nunca nacieron desde grandes planes estratégicos, sino desde la intuición y el deseo de proponer algo nuevo sin perder la esencia.
Restaurantes como La Ancha, Fismuler o La Gabinoteca surgieron de esa inquietud creativa y del amor por la hostelería entendida como propuesta cultural y social. El crecimiento llegó de forma orgánica, centrado siempre en que cada servicio saliera bien y cada cliente se marchara satisfecho.
El salto hacia la profesionalización
Con el tiempo, ese crecimiento impulsivo empezó a mostrar sus límites. Nino reconoce que gestionar una empresa basada únicamente en la presencia constante y el sacrificio personal ya no era suficiente.
El punto de inflexión llegó con la incorporación de un director general externo, que ayudó a profesionalizar la estructura, romper paradigmas heredados y dotar a la empresa de procesos, departamentos y visión a largo plazo. Aunque el miedo fue grande, los resultados demostraron que el cambio era necesario.
Hoy, la empresa cuenta con una organización sólida, mayor control, capacidad para atraer talento y un crecimiento sostenible, sin renunciar a su identidad familiar.

Liderazgo, amor y cocina: la filosofía de Nino en la hostelería
Liderazgo, personas y una nueva forma de hacer hostelería
Uno de los mensajes más potentes de la charla es la importancia de las personas. Nino recuerda una etapa en la que el estrés le impidió escuchar los problemas de su equipo, y cómo ese momento se convirtió en un antes y un después.
Desde entonces, decidió que no quería construir una empresa de éxito a costa del bienestar humano. Apostó por rodearse de especialistas, definir misión, visión y valores, y crear un entorno donde las personas se sientan cuidadas, escuchadas y orgullosas de su trabajo.
Lejos de la figura del líder omnipotente, Nino reivindica aprender a pedir ayuda, delegar y confiar. Un cambio que transformó no solo la empresa, sino también su manera de vivir la hostelería.
Tradición, exigencia y humanidad
A través de recuerdos familiares, Nino reflexiona sobre la hostelería de antes: una época dura, muy exigente y poco consciente del bienestar emocional. Sin renegar de esa cultura del esfuerzo, defiende una evolución necesaria hacia modelos más humanos, profesionales y sostenibles.
Para él, la verdadera tradición no está en repetir fórmulas, sino en cuidar a las personas y hacer bien las cosas, adaptándose a los tiempos sin perder el alma.
Cuidar al equipo en el día a día
Nino explica que pequeños detalles marcan la diferencia. Por ejemplo, los baños del personal replican los de los clientes, con el mismo cuidado y atención. Un gesto sencillo con un mensaje claro: todos son igual de importantes.
Este cuidado, que se construye poco a poco, se traduce en un mejor funcionamiento del negocio. Cuando las personas se sienten valoradas, todo fluye mejor.
Gestionar el estrés en cocina
El trabajo en cocina es intenso y exigente. Para reducir el impacto del estrés, Nino apuesta por liderar desde el ejemplo, formarse como líder y dar autonomía a los equipos para que cada restaurante defina su propia estrategia.
A esto se suman pequeños rituales cotidianos: dinámicas lúdicas, pausas conscientes o momentos de silencio compartido al final del día. Gestos simples que ayudan a crear un ambiente más humano y cohesionado.
Un homenaje a los momentos que se comparten en casa
Donde hay amor, hay hogar
Para Nino, el amor es el núcleo de la cocina. Cocinar con amor no es opcional: es un acto de generosidad. Sus restaurantes son casas de comidas donde cada gesto nace del cuidado y la gratitud.
“Somos espejos que reflejamos los rayos que recibimos”, decía su padre. Servir es cuidar, y cuidar es transformar un espacio en hogar.
La cocina como corazón de la casa
En su casa, todo gira alrededor de la cocina. Cocinar para otros es ofrecer tiempo, energía e ilusión para su bienestar. Es ahí donde se concentra la energía del amor, donde se construyen recuerdos y sentido de hogar.
Crear hogares: el verdadero éxito en la hostelería
La filosofía de Nino Redruello combina liderazgo consciente, gratitud y amor por la cocina. Cada detalle, desde un gesto cotidiano hasta un ritual compartido, refleja su compromiso con las personas.
Porque, como demuestra su historia, la hostelería no va solo de cocinar bien, sino de crear lugares donde las personas quieran estar. Auténticos hogares que se viven.
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