Antiguos arcos y columnas de piedra forman una terraza de ruinas en medio de una exuberante selva, desde la que se divisan verdes colinas y montañas lejanas.
Jardines famosos

El secreto de los jardines famosos

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  • por Steffi Kammerer
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    03/25

Imagen de portada: Las Pozas, México. Foto de: Fitopardo / Getty Images

Han ido creciendo a lo largo de varias décadas o siglos. Por muy diferentes que sean los refugios verdes que les mostramosen las siguientes páginas, todos tienen un denominadorcomún: nacieron de la visión de una persona o de una familia.

Las Pozas, México

En medio de la selva tropical emerge un vergel llamado Las Pozas, un jardín encantado de esculturas situado a 610 metros sobre el nivel del mar y a siete horas en coche al norte de Ciudad de México. Es la singular herencia del poeta y mecenas británico Edward James, amigo de Salvador Dalí y René Magritte. Con su proyecto, llevó el surrealismo a la jungla: un conjunto de escaleras, torres, puentes y estatuas de piedra, construcciones proyectadas hacia el cielo, parcialmente cubiertas de musgo y vegetación, algunas con forma de plantas, otras con vistas a ríos, cascadas o pequeños lagos. Un jardín para perderse, capaz de fusionar fantasía y realidad, y abierto al público desde 1991. Edward James descubrió México a mediados de los años cuarenta y, en 1949, comenzó a crear las primeras esculturas, un trabajo que continuó febrilmente hasta su muerte, en 1984.

Un sendero de jardín de ladrillos con un banco de madera en primer plano, parterres de flores de vivos colores y setos, así como una fuente en la lejanía que salpica agua entre los árboles.
Longwood Gardens, en Estados Unidos, es un complejo de jardines históricos con fuentes, parterres y invernaderos. © Cortesía de Becca Mathias para Longwood Gardens

Longwood Gardens, USA

En las inmediaciones del municipio de Kennett Square, en Pensilvania, se encuentra uno de los espacios verdes más famosos del mundo: el Jardín Botánico de Long­wood, que solo el año pasado recibió más de 1,6 millones de visitantes. En sus más de cuatro kilómetros cuadrados de extensión crecen más de 10 000 especies de plantas. El proyecto nació de la visión de Pierre Samuel du Pont, un empresario y filántropo, hijo de una de las familias más influyentes y ricas de los Estados Unidos. Compró los terrenos en 1906 con el objetivo inicial de salvar el patrimonio arbóreo histórico, ya que estaba a punto de ser vendido a una serrería. Pero la historia no acaba aquí. La pasión por los jardines y los parques imponentes estaba arraigada en la tradición familiar, así que du Pont se marchó a Italia en busca de inspiración en los jardines renacentistas. A su regreso, creó un lugar de inigualable esplendor y variedad, dotado de ejes simétricos, surtidores, juegos de agua y un espectacular invernadero. Hace más de cien años, abrió su obra maestra al público. Para explorar todo el jardín se necesita un día entero.

Un edificio de dos plantas de color azul brillante con detalles en amarillo, situado en medio de un jardín desértico con altos cactus, agaves y palmeras.
El Jardín Majorelle, en Marruecos, es un jardín lleno de colorido con plantas exóticas, construcciones azules y un diseño artístico. © Mauritius Images / Masterfile

Jardín Majorelle, Marruecos

El año pasado, el Jardin Majorelle de Marrakech cumplió un siglo. Jacques Majorelle, un pintor francés interesado en la cultura bereber y su uso de las formas y los colores, lo creó a lo largo de más de cuatro décadas. En 1917, el artista viajó a Marruecos —entonces colonia francesa—, construyó una casa y comenzó a diseñar su jardín con plantas exóticas de todo el mundo, confinadas entre muros pintados de un intenso azul cobalto, que posteriormente se conocería como bleu Majorelle. Tras su muerte, el jardín quedó abandonado hasta que, en la década de los ochenta, el diseñador Yves Saint Laurent lo redescubrió y restauró junto a su pareja, Pierre Bergé. El modisto encontró aquí una gran fuente de inspiración. De hecho, el peculiar azul está presente en sus colecciones. Tras la muerte de Yves Saint Laurent, sus cenizas fueron esparcidas en la rosaleda. Antes de morir, creó junto a Pierre Bergé una fundación encargada de la futura custodia del jardín.

Un tranquilo estanque de jardín chino, rodeado de sauces llorones, con un cenador artísticamente decorado con techo abovedado y hojas de nenúfar que se reflejan en el agua.
Los jardines clásicos de Suzhou, en China, son un ejemplo del arte tradicional chino de la jardinería, con estanques, pabellones y una cuidada selección de plantas. © Zhouyousifang / Getty Images

Jardines clásicos de Suzhou, China

Los jardines de Suzhou, situados en la China oriental, nacieron entre los siglos XI y XIX. En 1997, la Unesco declaró nueve de estos jardines Patrimonio de la Humanidad, entre ellos el famosísimo Jardín del Administrador Humilde, que aparece en la imagen superior. Con sus 5,2 hectáreas, es el más grande de los nueve. Lo creó en 1509 Wang Xianchen, un funcionario imperial retirado. El nombre del jardín, Zhuōzhèng yuán, hace referencia a un verso de un famoso poeta de la dinastía Jin que elogia un estilo de vida sencillo. En este espacio, el agua, los bloques de piedra, las plantas y las construcciones se entrelazan en un conjunto armonioso, ofreciendo un ejemplo extra-ordinario de paisajismo chino. En 1949, cuando se fundó la República Popular China, el jardín había perdido su estructura original. En los años siguientes fue reconstruido y, desde entonces, se encuentra abierto al público.

Un exuberante estanque de jardín con un puente arqueado cubierto de vegetación, sobre el que se derraman glicinas violetas, con flores rosas en primer plano y árboles que se reflejan en el agua.
El jardín de Monet en Francia es un remanso de paz impresionista con parterres en flor, un estanque de nenúfares y el famoso puente japonés. © Olga Matveeva / Getty Images

El jardín de Monet, Francia

Pasear por el jardín de Claude Monet en Francia es como sumergirse en uno de sus cuadros, un déjà vu, porque lo que creó aquí es tan hermoso que le sirvió de modelo para algunas de sus obras más famosas. Monet pasaba tiempo todos los días en su jardín, plantando, estudiando el ciclo de la naturaleza y el juego de luces y sombras. La propiedad se encuentra en Giverny, un pueblo de Normandía donde Monet se estableció con su familia en 1883. El espacio está dividido en dos partes: por un lado, el jardín de flores, de una exuberancia asombrosa, y, al otro lado de la calle, el jardín japonés, de inspiración acuática. En él se encuentra el famoso puente que cuelga como icono pictórico en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. También pueden verse allí los nenúfares, que estarán vinculados para siempre a Monet y que este artista plasmó a lo largo de su vida en cerca de 250 cuadros. 

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Propiedades ofrecidas

Un jardín de rosas clásico y bañado por el sol, con flores rosas y senderos bordeados de setos; una villa en tonos pastel, con contraventanas verdes, estatuas a lo largo del tejado y una fuente en el centro.
El Jardín de Boboli, en Italia, es un jardín histórico situado en Florencia que cuenta con senderos simétricos, esculturas y amplias zonas verdes. © Mauritius Images / David South / Alamy / Alamy Stock Photos

Jardín de Boboli, Italia

El máximo exponente del paisajismo italiano es el Jardín de Boboli, en Florencia, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y estrechamente vinculado a la familia Médici. Ya en el siglo XVI destacaba como uno de los jardines más famosos de Italia. Lo diseñó Leonor de Toledo, esposa de Cosme I de Médici, el ciudadano más acaudalado de Florencia en aquella época. Situado en pleno centro de la ciudad, se extiende al sur del Palazzo Pitti, la antigua residencia principal de la familia. El parque alberga 288 esculturas —algunas de ellas antiguas—, fuentes, grutas, un obelisco egipcio, un enorme anfiteatro, una orangerie histórica e innumerables setos y cipreses. Ampliado en varias fases, este elegante oasis alcanzó en el siglo XVII su tamaño actual de 4,5 hectáreas y, con alrededor de un millón de visitantes al año, es, sin duda, uno de los lugares de interés más frecuentados de Florencia.

Un jardín colorido y bien cuidado, con sinuosos senderos de piedra, parterres de flores de vivos colores y arbustos de hoja perenne podados artísticamente, en medio de exuberantes céspedes verdes.
Los Jardines Butchart, en Canadá, son unos jardines llenos de color con parterres cuidadosamente diseñados, senderos bien cuidados y fuentes decorativas. © Mauritius Images / John Elk III / Alamy / Alamy Stock Photos

Jardines Butchart, Canadá

En la isla de Vancouver, frente a la costa canadiense del Pacífico, aguarda una auténtica maravilla botánica. Los Jardines Butchart fueron creados en 1904 por Jennie Butchart, que hasta entonces no sabía mucho de jardinería. Su objetivo era simplemente hacer invisible el feo cráter de cantera que había causado su marido, un fabricante de cemento. Decidió llenar de plantas la cantera abandonada. Pronto surgió el «Sunken Garden», el colorido corazón de la instalación actual. A lo largo de los años, los Jardines Butchart se han ido ampliando constantemente y en sus más de 22 hectáreas se han creado zonas temáticas con especies vegetales de todo el mundo. En 2004, los Jardines Butchart fueron declarados Sitio Histórico Nacional de Canadá. Actualmente, siguen siendo propiedad de la familia y los gestiona Robin-Lee Clarke, bisnieta de Jennie Butchart.

Un jardín bañado por el sol con una fuente en el centro, parterres de flores de vivos colores, hierbas ornamentales y frondosos árboles verdes al fondo.
Scampston Parkland & Walled Garden, en el Reino Unido, es un parque paisajístico con jardines formales, parterres estructurados y muros históricos. © Mauritius Images / Alamy Stock Photos

Scampston Parkland & Walled Garden, Reino Unido

En North Yorkshire, en el terreno de la histórica finca de Scampston Hall, que ha pertenecido a la misma familia durante generaciones, dos paisajistas de fama mundial han dejado su huella. En el siglo XVIII, Lancelot «Capability» Brown, considerado uno de los mejores arquitectos paisajistas de Inglaterra, diseñó el parque que rodea la finca, en el que aún hoy pueden admirarse las suaves colinas, las amplias praderas, los arroyos y los lagos que hicieron famoso a Brown. En las inmediaciones de la finca se encuentra el histórico jardín amurallado, que se creó para abastecer de frutas y verduras a la familia. Piet Oudolf, la superestrella contemporánea de la jardinería, fue el encargado de rediseñarlo. El holandés, conocido por su estética sostenible y por el uso de especies vegetales duraderas, es un maestro en la disposición de plantas herbáceas y perennes que cambian con el paso de las estaciones. La combinación del diseño ultramoderno de Oudolf y la herencia atemporal de Brown convierten a Scampston en un destino de peregrinación para los amantes de la jardinería.