Fotografía en blanco y negro de una mujer sonriente con un vestido largo negro con flecos, de pie en una escalera al aire libre, frente a una pared clara.
Philippine Leroy-Beaulieu

«Me habría gustado disfrutar de este momento un puco antes.»

  • 6 min leer
  • por Silke Bender
  • Edición

    03/26

  • Ubicación

    París, Francia

  • Fotografía

    Pomellato, Netflix

La serie de Netflix "Emily en París" catapultó a la actriz Philippine Leroy-Beaulieu a lo más alto del estrellato. Embajadora global de Pomellato, reflexiona sobre la alegría que le produce su éxito tardío y sobre la joyería como símbolo de emancipación.

Ya sea en la fiesta posterior a los Óscar —donde este año lució un vestido de Balenciaga realzado por el espectacular collar de alta joyería Blue Chain Cascade de Pomellato— o como invitada de honor en primera fila en los grandes desfiles de París o Milán: cuando Philippine Leroy-Beaulieu aparece en público, lo hace bajo una tormenta de "flashes". Solo su sonrisa es aún más deslumbrante. Parece que toda esa atención le sienta de maravilla. En su papel de Sylvie Grateau, ejecutiva de relaciones públicas de la exitosa serie "Emily en París", su interpretación de una mujer madura le ha reportado un gran número de seguidores incondicionales. Lo que comenzó como una caricatura de una mujer de negocios típicamente francesa en el mundo del lujo, distante y altiva, se ha transformado, a lo largo de varias temporadas, en un personaje polifacético: entrañable, lleno de humor, fuerte y hasta bondadoso.

El arte de reinventarse

Hoy, a sus 63 años, la edad de jubilación en Francia, la actriz da un giro inesperado y pisa el acelerador. Nombrada embajadora de la casa de joyería italiana Pomellato, así como de L’Oréal Paris, líder mundial en belleza, viaja por todo el mundo. En París y Grecia han comenzado los rodajes de la sexta temporada de "Emily en París", cuya emisión en streaming está prevista para finales de 2026 o principios de 2027. A continuación, la actriz iniciará un nuevo capítulo de su carrera: como productora. En otoño está previsto el rodaje de un thriller de acción en Marruecos, en el que también interpretará uno de los papeles principales. A través de su productora, Mariri Productions, le gustaría desarrollar proyectos con protagonistas femeninas fuertes y maduras, algo inusual en el cine actual, en particular en el género de acción.

El éxito tardío

Hija de una diseñadora y de un actor muy conocido en Italia, Leroy-Beaulieu pasó sus primeros años de infancia en Roma y, más tarde, asistió a una escuela de arte dramático en París. En 1985, consiguió su primer gran éxito cinematográfico con la comedia francesa Tres solteros y un biberón, por la que fue nominada al premio César a la mejor actriz de reparto. Aunque rodó otras películas, a veces incluso trabajando con directores famosos, su gran oportunidad nunca llegó. Hasta que al fin, a los 57 años, le ofrecieron el papel de su vida. Tras el casting, Darren Star, el creador de "Emily en París", llegó incluso a reescribir el personaje para ella, ya que inicialmente había concebido a Sylvie Grateau como una mujer mucho más joven.

La popular serie de Netflix, que ha generado un auge turístico sin precedentes en París, se encuentra ahora en su sexta temporada. Al final de la cuarta, todo apuntaba a que la siguiente entrega se llamaría Emily en Roma, pero el propio presidente francés, Emmanuel Macron, intervino para que la serie se quedara en la capital francesa.

No es fácil estar comparando constantemente la imagen que tengo de mí misma con una foto, una escena de película o lo que veo en el espejo.
Philippine Leroy-Beaulieu

En cierto modo, en Roma jugó en casa. ¿Tuvo la oportunidad de plasmar en el guion sus experiencias personales de la vida en esta ciudad?
Una anécdota divertida: ya en la segunda temporada, Darren Star me había asignado algunas frases breves en italiano, porque sabía que hablaba bien el idioma. Hizo que Sylvie Grateau dijera que en cada lengua se tiene una personalidad diferente. Una observación realmente aguda. En el fondo, ya era un primer indicio que despertó mi curiosidad. Pero, obviamente, cuando le pregunté si tenía intención de llevar la serie a Italia, lo negó inmediatamente, respondiéndome, entre risas, «mais, non, non, non». A toro pasado, creo que fue una especie de semilla que dejó caer allí. Puede que la elección de Roma tenga que ver conmigo, pero yo no he influido en el desarrollo del guion. El capitán creativo siempre ha sido únicamente Darren Star.

Dos mujeres están sentadas junto a una mesa de cristal y miran un móvil; una va vestida completamente de negro y lleva joyas doradas, mientras que la otra lleva un vestido negro con un estampado de medias lunas rojas.
Philippine Leroy-Beaulieu interpreta el papel de Sylvie Grateau en la serie de Netflix «Emily in Paris». Sylvie es la jefa de Emily (Lily Collins en el papel de Emily, a la derecha) en una agencia de marketing parisina. Foto: 2025 Netflix, Inc.

Las joyas como declaración de estilo

Como francesa italianófila, desde el año pasado es embajadora de la casa de joyería milanesa Pomellato, fundada en 1967, en un momento en el que estaban sur-giendo los movimientos de emancipación y estudiantiles italianos. ¿Qué significa para usted la marca?
No fue hasta más tarde, en los años setenta, cuando me fijé conscientemente en la marca, gracias a mi madre. A ella le encantaban las joyas modernas, originales y expresivas. Con su diseño, Pomellato había creado una ruptura innovadora que le gustaba. Los primeros anillos Iconica los vi en ella. Tenía unas manos muy grandes y siempre me han fascinado esos voluminosos anillos de oro en una mano femenina y fuerte. Hay que decir que, tras la separación de mi padre, mi madre trabajó durante más de veinte años como diseñadora, entre otros lugares, en el taller de joyería de Dior en París.

A menudo ha hablado de su gusto sobrio y sencillo en lo que respecta a la moda. ¿Qué me cuenta de sus preferencias personales en materia de joyas?
Nunca he sido una gran compradora de joyas (ríe). Me las regalaban, sobre todo mi madre —al fin y al cabo era una experta en la materia— y mi abuela. Se puede decir que casi siempre llevo anillos; ya no salgo de casa sin al menos un Iconica en el dedo. Queda bien con cualquier prenda y estilo. Me gustan los pendientes para las ocasiones especiales, crean un bonito juego de luces en el rostro. 

Hoy, a sus 63 años, se encuentra en la cima de su carrera. ¿Tiene una percepción diferente del éxito en comparación con cuando tenía veinte años?
A los 63 años se es más humilde. Es más difícil que el éxito se te suba a la cabeza. Eres más consciente de que todo puede cambiar rápidamente y de que nada es eterno. Por eso mismo, ahora disfruto aún más de la felicidad de este momento. Pero, sinceramente, me habría gustado disfrutar de este momento un poco antes (ríe).

Vivir de una profesión artística es siempre una montaña rusa, y eso es bueno, porque así no te duermes
Philippine Leroy-Beaulieu
Collar de diamantes con eslabones anchos en pavé, una gema azul central y un fleco de diamantes de varias hileras.
En la fiesta de los Óscar de Vanity Fair, en marzo, Leroy-Beaulieu lució el opulento collar de alta joyería Blue Chain Cascade, de Pomellato. La pieza está compuesta de unos 1200 diamantes que rodean un zafiro de más de 22 quilates. Foto: Pomellato
Una mujer elegante, con una chaqueta negra con solapas de satén, está sentada ante un fondo claro, con la cabeza apoyada en la mano y adornada con joyas de oro.
En las redes sociales, muchos fans jóvenes están aclamando a Philippine Leroy-Beaulieu, que interpreta a la excéntrica Sylvie en la serie de Netflix «Emily in Paris», como su favorita secreta y una auténtica estrella. Foto: Pomellato

Seguir el corazón

Habla con mucha franqueza de las etapas difíciles de su carrera, tanto a nivel económico como de reconocimiento. ¿Cómo ha conseguido mantener viva la confianza en sí misma durante varias décadas?
Pues precisamente porque soy una persona que vive el presente, acepté las crisis de desesperación, por muy triste, dura y difícil que fuera esa lucha. Estaba segura de que esos momentos, tarde o temprano, pasarían. ¡Solo había que aguantar! Siempre le he dicho a mi hija que esas tormentas no se desatan sobre nosotros para quebrarnos, sino para hacernos crecer. Vivir como artista es siempre una montaña rusa, y eso es bueno, porque así no te duermes. Hoy estoy agradecida por todas estas pruebas, porque me han moldeado, me han abierto los ojos y, al final, me han convertido en una persona más cariñosa y agradecida. De ahí surge también una frase que me encanta repetir: he tenido la suerte de pasar hambre durante mucho tiempo.

¿Y cómo logró sobrevivir a esos periodos de hambre en su vida cotidiana?
Trabajando bajo un seudónimo como traductora, ya que hablo cinco idiomas con fluidez. Además, también acepté papeles que realmente no me atraían y de los que no me siento orgullosa. Aprendí a arreglármelas con poco dinero y aún hoy vivo en el mismo piso de alquiler que tenía antes de "Emily en París".

En 1990, cinco años después de su primer gran éxito cinematográfico, siendo una joven madre soltera con una hija recién nacida atada a la espalda, se mudó por un tiempo a Brasil. ¿Por qué?
En aquella época sentía la necesidad de dejar París, de alejarme de mi profesión. Muchos me lo desaconsejaron, porque se corre el riesgo de caer rápidamente en el olvido, ¡y tenían razón!. Pero mi libertad personal siempre ha sido muy importante para mí. Obviamente, la libertad absoluta es una ilusión, pero, en la medida de lo posible, siempre tiendo a tomar decisiones en armonía con mis sentimientos. En aquel momento tenía algo de dinero ahorrado, gracias a una película, y pensé: ¡ahora o nunca! El dinero me duró seis meses y, cuando se acabó, volví a París. Pero Brasil nunca me abandonó, siguió siendo durante mucho tiempo un punto de referencia en mi vida. Y mi hija, ahora ya adulta, todavía hoy me agradece las experiencias que vivió allí de niña junto a mí. No me arrepiento ni de un solo día de ese viaje.

Retrato en blanco y negro de una mujer sonriente con una chaqueta, que apoya la cabeza en la mano y lleva un collar voluminoso, pendientes y una pulsera.
Philippine Leroy-Beaulieu creció en Roma y, más tarde, se mudó a París para estudiar en una escuela de teatro. Gracias a su icónico papel de Sylvie Grateau en Emily en París, dio el salto internacional. De hecho, el productor de la serie reescribió e
Una mujer sonriente, con un vestido sin tirantes en blanco y negro, está sentada en una cama; junto a ella hay una cámara vintage; al fondo se ve un papel pintado con motivos florales y un aplique dorado.
En el futuro, Leroy-Beaulieu quiere trabajar también detrás de la cámara y aprovechará su dilatada experiencia cinematográfica para producir proyectos con protagonistas femeninas fuertes y maduras.Foto: Pomellato

Las múltiples facetas de Sylvie

¿En qué se parece a usted el personaje de Sylvie en "Emily en París"?
En realidad, en nada. Aunque le di algunos pequeños rasgos de mi personalidad, pero muy pocos. Me recuerda más a las mujeres que conocí a través de mi madre, de cuando trabajaba en Dior. Esas figuras de los años ochenta y noventa, fuertes e inflexibles, que escondían su inseguridad tras una actitud altiva. Al fin y al cabo, el mundo de la moda fue uno de los primeros sectores en los que las mujeres comenzaron a conquistar puestos profesionales de mayor relevancia. En mi adolescencia rechazaba ese ambiente, aunque el estilo de mi madre, su sentido estético, me influyó... quizás más de lo que me hubiera gustado. Luego, cuando hice el casting para interpretar el papel de Sylvie, pensé inmediatamente: qué raro, a esta mujer la conozco. Quería darle una cierta dosis de maldad, al estilo de Bette Davis. Porque, en realidad, las mujeres no somos solo ángeles, sino también demonios.

¿Te gusta la Sylvie de hoy?
¡La adoro! Y lo mejor de todo: el guionista Darren Star también la adora. Es un personaje que entra en escena con una gruesa coraza. Luego, en cada temporada, se le va quitando una capa tras otra, como cuando se pela una cebolla, y poco a poco se van revelando siempre nuevas facetas inesperadas y sorprendentes. Me parece que Darren entiende muy bien a las mujeres y crea personajes femeninos complejos con respeto y humor, como también hizo con Samantha en "Sexo en Nueva York". O en "Melrose Place", esa serie de los noventa que vi hace poco. ¡Es alucinante cómo consigue transformar una telenovela, ambientada en una casa con piscina frecuentada por personajes banales, en un enfrentamiento entre monstruos! Primero te lleva de la mano, casi como si te invitara a un helado de vainilla… y luego te lanza a un torbellino de excesos. Estoy muy dividida sobre qué final desearle a Sylvie cuando la serie termine —porque terminará, aunque la sexta temporada ya esté asegurada—. Obviamente, cuanto más despiadado se vuelve el personaje y más bajo cae, más interesante me resulta como actriz. Pero como amiga, solo le deseo lo mejor a Sylvie.

¿Cómo se explica el éxito de Sylvie, que se ha convertido, junto a Emily, en una de las figuras más queridas de la serie?
A mí también me ha sorprendido. No fue hasta la segunda temporada cuando me di cuenta de lo bien que conectaba, sobre todo con el público más joven. Quizá tenga que ver con su complejidad, con el hecho de que nunca es exactamente lo que parece a primera vista. Probablemente, eso despierta una cierta curiosidad y el deseo de quererla, como si intuyeras que hay algo más profundo que se revela poco a poco. En cualquier caso, sigue siendo un pequeño misterio que prefiero no descifrar del todo.

La belleza redefinida

Los parisinos son los críticos más duros de la serie. ¿Por qué?
¡Porque son snobs hasta la médula (ríe)! Al principio todavía estaba convencida de que no captaban el humor. Pero con el tiempo he comprendido de manera inequívoca que realmente no tienen ningún sentido del humor. Están tan obsesionados con su propia imagen, y tan ofendidos por que se burlen de ellos, que ni siquiera se dan cuenta de que "Emily en París" también ridiculiza a los estadounidenses. Solo se quedan en la superficie —los estilismos extravagantes, el tono ligero— y piensan: ¡qué horterada! En la cultura anglosajona, la narración se basa casi siempre en el subtexto, que crea un metanivel, a menudo fuera del alcance de la comprensión general de los franceses. Por suerte, no de todos; conozco a muchos parisinos inteligentes que sí que aprecian la serie.

Usted está en el foco de atención, a una edad en la que gran parte de las mujeres empiezan a evitarlo, para no verse constantemente obligadas a recordar que están envejeciendo…
No ha sido nada fácil comparar constantemente la idea que tengo de mí misma con la imagen reflejada en una foto, en una escena de película o en un espejo. A nadie le gusta verse menos guapo o más viejo. Con el tiempo, he aprendido a tomar distancia: ¡yo soy así, y punto! Al contrario, me resulta liberador observarme mientras envejezco. Es fabuloso poder demostrar que la belleza no reside solo en un rostro y un cuerpo sin arrugas, sino también en el mensaje que yo, como mujer, transmito al mundo. ¿Es demasiado presuntuoso ver en esto el inminente fin de la uniformización de la belleza en Instagram? Puede ser. Me cuido lo mejor posible y, gracias a mis buenos genes, tengo la suerte de, al menos, mantenerme delgada, aunque otras partes de mi cuerpo envejezcan con diversos grados de imperfección. Es una situación que hay que afrontar y asimilar cada día, una actividad muy valiosa para mí.

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Silke Bender

Always look on the sweet side of life! Da oltre 15 anni, Silke Bender racconta dalla sua città del cuore, Parigi, le cose più belle della vita: arte, design, alto artigianato, viaggi e gastronomia. Ama intervistare persone affascinanti che rendono il nostro mondo più bello, intelligente e vivibile. Perché di persone così non ce ne sono mai abbastanza!

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