• 8 min leer
  • 4.12.2025
  • por Christian Aust

Julianne Moore – La radiante REBELDE de Hollywood

Mockup of the GG Magazine cover and cover story with Julianne Moore.
  • Edición

    01/26

  • Ubicación

    Los Ángeles, California

  • Fotografía

    Trunk Archive

Julianne Moore nunca ha seguido las reglas existentes. Ha preferido reinventarlas. Rompe continuamente los límites, ya sea como actriz o como icono de estilo.

Tabla de Contenido

  1. Su momento más bonito en Hollywood

  2. La revolucionaria apacible

  3. La magia de un encuentro

  4. Julianne Moore: cercanía que conmueve

  5. De Fráncfort al mundo del cine

  6. 37 años y listo para el gran salto

  7. Estrella de Hollywood, madre, escritora: Julianne Moore vive su vida

  8. Un icono más allá de las alfombras rojas

Su momento más bonito en Hollywood

Los Ángeles, febrero de 2015.  And the Oscar goes to ... Julianne Moore! Radiante de alegría y, aun así, humilde. Su vestido, de Chanel, diseñado especialmente para ella por Karl Lagerfeld, resplandece bajo los focos. Está adornado con 80 000 lentejuelas de resina blanca pintadas a mano y delicadas flores de organza. Moore besa a su esposo, el director Bart Freundlich, el gran amor de su vida, su faro y su apoyo incondicional. Él la acompaña al escenario.

«He leído un artículo que asegura que quien gana un Óscar vive cinco años más —comienza Julianne Moore su discurso—. De ser cierto, quiero dar las gracias a la Academia, porque mi marido es más joven que yo». Mientras tanto, Bart —nueve años menor— cumple su papel de director y graba a su esposa con el móvil. Los discursos de agradecimiento pueden parecer artificiosos, pero Moore conserva su autenticidad incluso en un momento así. A sus 54 años, por fin, recibe este prestigioso premio tan esperado por su interpretación de una profesora universitaria enferma de alzhéimer en la película Siempre Alice. «No existe tal cosa como la mejor actriz», continúa Moore. Una afirmación que invita, inevitablemente, a contradecirla. 

La gente va al cine para ver en la gran pantalla su propia vida interior. Me hace feliz cuando alguien me dice: “Gracias, esa de la pantalla era yo
Julianne Moore
Mujer pelirroja con un abrigo beige oversize y pendientes naranjas, apoyando la cabeza en la mano, en un balcón con vistas a una calle de la ciudad.
En EE. UU., la vidade Julianne Moorese articula en tornoa Nueva York, lo más lejos posible de Hollywood. Foto: © David Roemer / Trunk Archive

La revolucionaria apacible

Julianne Moore es la revolucionaria silenciosa de Hollywood. Rompe las reglas de la industria cinematográfica solo para redefinirlas después. Su carrera desmiente todos los tópicos de Hollywood: el éxito tardío, los extraordinarios proyectos en los que el público la descubrió cuando ella ya había cumplido los cuarenta y su actitud serena y luminosa frente al paso del tiempo en una industria que idolatra la juventud eterna. Moore nos hace creer en el triunfo final del talento, un logro para el que ha trabajado duro. Con interpretaciones inolvidables en películas como Boogie Nights, Magnolia, Lejos del cielo, Un hombre soltero y Los chicos están bien, se ha convertido en un icono del cine de autor más comprometido. Pero eso nunca le ha impedido divertirse con incursiones en el cine más comercial, como Los juegos del hambre o Kingsman: el círculo de oro.

La elegancia de Julianne Moore no conoce edad. Sus apariciones en las alfombras rojas de Cannes o Venecia se convierten, una y otra vez, en el plato fuerte del evento, capaces de seducir incluso a los críticos de moda. Su estilo parece espontáneo, el reflejo perfecto de su personalidad. Musa de muchos diseñadores, ha establecido vínculos estrechos con grandes casas de moda como Chanel, Givenchy, Dior, Tom Ford o Schiaparelli. Moore encarna la alta costura del mismo modo en que afronta todo en su vida: con una serenidad magnética y un dominio absoluto de sí misma.

Una revista abierta. En la doble página se ve a una mujer sentada con un elegante vestido negro, a la que están maquillando y peinando para una sesión fotográfica.
La portada actual de la revista GG Magazin.

La magia de un encuentro

Cuando Julianne Moore se pone frente a la cámara, logra crear una atmósfera hechizada. El resultado en la gran pantalla parece pura magia. Entre ella y la cámara se crea un denso tejido de emociones, lo que da lugar a una experiencia cinematográfica íntima y conmove­dora. Así surgen escenas inolvidables. En películas como Lejos del cielo o Siempre Alice, Moore se muestra tan transparente que da la impresión de que podemos mirar hasta lo más profundo de su alma.

A lo largo de los años, he entrevistado a Julianne Moore en numerosas ocasiones. Sin embargo, uno de nuestros encuentros más recientes y breves es, sin duda, el más revelador, ya que dice mucho de su personalidad en muy pocas palabras. Estamos en la tercera planta del mítico hotel Carlton, en la Croisette, durante el Festival de Cannes. Mi esposa —y colega— y yo nos dirigimos a una cita. Delante de nosotros se abren las puertas del ascensor y sale una mujer con un sombrero de paja de ala ancha y grandes gafas de sol, carismática pero imposible de identificar a primera vista. Probablemente una estrella de cine que no quiere ser reconocida. En el momento en que nos adentramos en el pasillo del hotel, oímos de repente: «¡Qué alegría veros! ¡Qué feliz coincidencia!». Es Julianne Moore quien nos saluda con tanta amabilidad y entusiasmo como si nosotros fuéramos las estrellas. Sin embargo, ese año no presenta ninguna película en Cannes, por lo que no está «de servicio».

Descubrir la interpretaciónsupuso una auténtica revolución para mí. De repente, tenía claro cuál era el camino que quería tomar.
Julianne Moore

Julianne Moore: cercanía que conmueve

La calidez y cordialidad que muestra también en sus entrevistas parecen sinceras. Su risa es contagiosa y bastante sorprendente, teniendo en cuenta los numerosos papeles tristes que interpreta. En broma, un día le pregunté si era capaz de calcular cuántos litros de lágrimas había derramado ante la cámara a lo largo de su carrera. Ella me respondió: «De hecho, a veces me pregunto por qué siempre soy yo la que tiene que llorar. Parece que se ha convertido en mi marca registrada y que forma parte de mi contrato de trabajo. Lo peor es cuando me piden que llore en una comedia. Entonces les digo al equipo: “¡Estáis de broma, ¿no?!”».

Es precisamente por esas escenas cargadas de emoción por las que el público se identifica con esta actriz y proyecta en ella sus propios sueños y deseos. Quise saber si esa sensación le resultaba gratificante o inquietante. Tras una breve pausa, me respondió: «Es un tema fascinante, lo pienso a menudo. Soy muy consciente de que soy el objeto de proyecciones muy íntimas por parte del público: sus emociones, sus fantasías... La gente va al cine para ver en la pantalla el reflejo de su vida interior. Y, para mí, como actriz, eso implica una enorme responsabilidad. Me siento feliz cuando, después de una proyección, alguien se me acerca y me dice: “Esa que estaba en la pantalla... era yo”».

Una revista abierta. En la página izquierda se ve texto y en la derecha, una mujer sentada con un abrigo blanco y zapatos de tacón negros.
Elegancia atemporal: Julianne Moore recuerda a las grandes divas de la gran pantalla, si bien cultiva un estilo propio que resalta su personalidad.

De Fráncfort al mundo del cine

Su infancia también la preparó para convertirse en un camaleón. Su padre trabajaba como juez para el ejército estadounidense y, debido a los constantes traslados, la familia se mudaba una y otra vez. En cada nuevo lugar, Julianne debía reinventarse, lo cual resultaría ideal para su futuro oficio. Durante su adolescencia vivió en Fráncfort, donde su padre estaba destinado, y asistió a la Frankfurt American High School. En una de nuestras conversaciones, me contó que todavía habla un poco de alemán y que guarda recuerdos vívidos de aquel tiempo:«Me encantó mi época en Fráncfort. Recuerdo perfectamente los viajes en el metro y los altavoces anunciando: «Nächste Haltestelle, Mar­bachweg» (Próxima parada, Marbachweg). Lo escuché tantas veces que se me ha quedado grabado en la memoria».

En realidad quiso ser médico. Afortunadamente, abandonó ese plan después de haber actuado en varias obras escolares. Me contó una vez que esa etapa de su vida fue una revelación. «Siempre me ha encantado leer. Adoraba los libros. Pero, sinceramente, no tenía ni idea de qué hacer con esa pasión. Descubrir la interpretación supuso una auténtica revolución para mí. De repente, tenía claro el camino que quería tomar y eso cambió mi vida por completo».

37 años y listo para el gran salto

Estudió Arte Dramático en la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Boston. Tras graduarse, se mudó a Manhattan, donde trabajó de camarera y aún se hacía llamar Julie Anne Smith. Más tarde, al inscribirse en el sindicato de actores, adoptó el nombre artístico de Julianne Moore.«En realidad, cambiarse el nombre es terrible —comentó en alguna ocasión—. No quería hacerlo, pero ya había muchas actrices que se llamaban como yo. El segundo nombre de mi padre es Moore, así que encontré un término medio que no hiriera los sentimientos de mi familia».

Sus primeros papeles fueron en teatros off-Broadway. Les siguieron otros compromisos en series de televisión y producciones cinematográficas. Finalmente, el legendario director Robert Altman la vio en el escenario —en una producción teatral del clásico de Chéjov El tío Vania— y la incluyó en el reparto coral de su película Vidas cruzadas. Ahí fue cuando también la crítica empezó a fijarse en ella. Pero el verdadero punto de inflexión como actriz secundaria llegó con la película Boogie Nights, de Paul Thomas Anderson. En ese momento, la actriz ya tenía 37 años.

Por su papel de Amber Waves, una actriz porno, Moore recibió su primera nominación al Óscar. A partir de ahí, ha sido libre de elegir los personajes que ha querido interpretar. Ha trabajado con directores como Todd Haynes, Ridley Scott, Pedro Almodóvar y Tom Ford. Ha acumulado otras cuatro nominaciones más al Óscar y diez al Globo de Oro, que ha ganado en dos ocasiones. 

Página doble abierta de la revista: en la página izquierda, retrato de una mujer pelirroja con un abrigo claro con ribetes en zigzag; en la página derecha, columnas de texto y una cita destacada centrada.
Cuando finalmente triunfó como actriz secundaria, Julianne Moore ya tenía 37 años.

Estrella de Hollywood, madre, escritora: Julianne Moore vive su vida

Su cabello rojo y sus pecas se han convertido en su sello inconfundible. «Cuando era pequeña, los niños se metían conmigo por mis pecas y mi pelo —recuerda—. Hoy puedo reírme de ello, pero en aquel entonces lo pasaba mal». Su hijo, Caleb, ha heredado tanto su color de cabello como sus pecas. Cuando el niño empezó a sentirse inseguro por su aspecto, Julianne Moore decidió escribir un libro infantil: Freckleface Strawberry. En esta historia semiautobiográfica, una niña aprende a aceptar sus pecas. A continuación, publicaría otros siete volúmenes de la serie Freckleface. Además, Moore ha escrito un libro muy personal titulado My Mom is a Foreigner, But Not to Me (Mi madre es extranjera, pero no para mí), en el que cuenta la historia de su madre, una escocesa que emigró a Estados Unidos. Con motivo de la publicación, la autora me explica: «Ha sido parte de mi proceso de duelo».

Moore se ha sumergido a menudo en los abismos emocionales de sus personajes, desde su interpretación de una profesora universitaria con alzhéimer en Siempre Alice hasta el papel de una actriz porno drogadicta en Boogie Nights. «A menudo imagino lo duro que debe ser volver a casa después de un día en un set así y no encontrar a nadie —cuenta Moore—. No me sentaría bien. El apoyo de mi familia me ayuda a mantener mi vida en equilibrio».

Dondequiera que he visto a Moore junto a su marido, Bart, la pareja siempre da la impresión de estar recién enamorada. Durante una entrevista sobre una de sus películas, tuve la oportunidad de conocerlo mejor a él también. Freun­dlich conserva un aire juvenil y desprende el optimismo de un adolescente. Ella lo conoció en 1996 durante el rodaje de la película Volviendo a casa, que él dirigió. La pareja se casó en 2003. Sus hijos, Caleb (28) y Liv (23), también han elegido profesiones creativas: él es músico y ella, tras probar suerte como actriz y modelo, ahora trabaja en una de las grandes agencias de gestión de talento.

El apoyo de mi familia me ayuda a mantener mi vida en equilibrio
Julianne Moore

Un icono más allá de las alfombras rojas

Un factor importante en el equilibrio entre la vida y el trabajo de Moore es la distancia física que mantiene con Hollywood y su profesión. En Estados Unidos, ha elegido vivir lo más lejos posible de Los Ángeles, en Nueva York. «De alguna manera, esta profesión parece irreal —cuenta la actriz durante nuestra entrevista en Cannes—. Hay un componente surrealista que sigo sintiendo después de todos los años que llevo en este sector. Mira a tu alrededor: las propias películas ya son poco realistas, luego está la situación general, mi aspecto glamuroso... ¿No te parece una locura total? Después, dentro de unos días, vuelvo a casa y me pongo unos vaqueros y una camiseta. La mayoría de las veces me lo paso bien, pero también es un poco extraño». En su cuenta de Instagram, la actriz publica con regularidad imágenes con la cara lavada y sin retocar. Es una excepción en un sector en el que el bótox y las cirugías estéticas son la norma. No es su caso, y me explica: «Obviamente, a nadie le entusiasma tener arrugas. Pero, en mi opinión, esos rostros carentes de toda expresión son incluso menos atractivos. Quiero ver caras vivas, no máscaras».

Y es precisamente esta actitud la que convierte a Moore en un icono, incluso más allá de las alfombras rojas: una mujer que asocia la feminidad, la elegancia y la presencia no con la eterna juventud, sino con la autenticidad. En la exitosa serie de Netflix Sirenas, la actriz de 65 años interpreta a la fría y manipuladora socialité Michaela «Kiki» Kell, esposa de un multimillonario, y con este papel ha conquistado a un público nuevo y más joven. Julianne Moore sigue explorando los límites y nos muestra cómo envejecer con conciencia, sin perder carisma y luminosidad.

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