
- 5 min.
- 14.04.2026
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Edición
04/25
Ubicación
Florencia, Italia
Fotografía
Mark Seelen / Courtesy of Ferragamo
Leonardo Ferragamo, hijo del fundador, Salvatore, dirige la empresa del sector del lujo en su segunda generación. En una entrevista exclusiva, este padre de cuatro hijos y abuelo de dos nietos habla sobre el reposicionamiento de la marca, el legado de sus padres y por qué la verdadera elegancia no tiene edad.
Florencia, una soleada mañana de lunes. Leonardo Ferragamo posa para la sesión de fotos de GG en la azotea del Palazzo Spini Feroni, sede de la empresa desde 1938. El emblemático símbolo Gancini, una estilizada herradura inspirada en un antiguo herraje de la puerta de la sede original en Florencia, encarna como ningún otro los valores de la marca: tradición, calidad e innovación. Desde hace casi cien años, la perfección artesanal y la excelencia son algunas de las características que definen a esta casa de moda italiana de lujo. Fundada en 1927 por el carismático diseñador de calzado Salvatore Ferragamo, la compañía es sinónimo de diseño excepcional, máxima calidad y un profundo apego al patrimonio cultural italiano.

Es impresionante cómo su familia ha logrado preservar los valores transmitidos por su padre y convertir a Ferragamo en uno de los actores más reconocidos de la industria del lujo actual. Al echar la vista atrás, ¿qué recuerdos de su padre son los más significativos?
Mis hermanos y yo nos sentimos profundamente privilegiados por haber tenido unos progenitores extraordinarios. Mi padre murió en 1960, a la edad de 62 años. En aquel momento, mi madre solo tenía 38 años, pero asumió la responsabilidad de la familia y de la empresa.
Aunque la mayoría de las veces es su padre quien recibe los honores por ser el fundador de la firma, en realidad fue su madre quien, gracias a su visión de futuro y su talento empresarial, convirtió la maison Ferragamo en la actual marca de lujo de renombre internacional. Al mismo tiempo, se encargó de criarles a usted y a sus cinco hermanos. Hasta su muerte, a los 97 años, no solo protegió el legado creativo de su marido, sino que también trabajó para llevar la empresa a una nueva era. ¿Cómo lo consiguió?
Cuando murió mi padre, el más pequeño de los hijos tenía dos años y medio y la mayor, dieciocho. Ella consideraba que su misión era transmitir la extraordinaria historia que había vivido con mi padre a lo largo de su matrimonio. Gracias a ella, la obra de mi padre se convirtió en una presencia constante en nuestras vidas. Su influencia fue tan grande que sentimos la obligación de continuar los sueños de nuestros padres y proteger su legado. Este impulso emocional nos ha acompañado a lo largo de toda nuestra vida. Cada uno de los seis hijos se incorporó a la empresa en su momento, motivado por este propósito: queríamos desarrollar el legado de nuestros padres y llevar la marca al éxito. Individualmente, pero también como parte de un equipo.

Ahora, nuestro reto es transmitir a la siguiente generación el mismo fuerte vínculo familiar que nuestra madre nos inculcó.
Ferragamo es célebre por poner en valor la artesanía y a los artesanos que dan vida a sus productos. ¿Ya estaba familiarizado con este mundo cuando era niño?
Por supuesto. La artesanía se encuentra profundamente arraigada en mi educación. Recuerdo que, con tan solo dos años, jugaba con muestras de cuero mientras mi padre trabajaba en el taller de zapatería de nuestra casa. Cuando empecé la escuela primaria —el único año escolar que cursé mientras mi padre aún vivía—, mi recompensa por sacar buenas notas era visitar la fábrica para pasar tiempo con los zapateros y aprender los fundamentos del oficio. De adolescente, pasaba los veranos en la fábrica con mi hermano pequeño, Massimo. Recuerdo que a los catorce años hice mi F primer par de zapatos y se los regalé a mi madre. Hay que decir que nunca los llevó, aunque, en realidad, no estaban tan mal (se ríe). Mi primer trabajo real en la empresa también fue en la fabricación de zapatos, codo con codo con nuestros maestros artesanos. Siempre me ha gustado este oficio.

El camino hacia el éxito internacional de Salvatore Ferragamo comienza en Estados Unidos, donde ya en la década de 1920 era conocido como el «zapatero de las estrellas» de Hollywood. A pesar del notable reconocimiento alcanzado, en 1927 decide regresar a Italia y funda en Florencia la empresa que lleva su nombre: Salvatore Ferragamo.
Lo que empezó como la creación de zapatos a medida para iconos del cine como Audrey Hepburn y Marilyn Monroe se ha convertido desde hace tiempo en una marca de lujo internacional, con un alma única e inconfundible. Florencia, cuna de la firma, sigue siendo reconocida como el corazón de la artesanía italiana. ¿Cómo ha cambiado eso con el tiempo? ¿Le resulta un desafío preservar este legado en la actualidad?
Mi padre eligió Florencia después de alcanzar el éxito en Hollywood siendo aún muy joven. A los 29 años, decidió abandonar Estados Unidos y regresar a Italia en busca de auténtica calidad. Eligió Florencia por sus profundas raíces culturales y sus tradiciones. Y no se equivocó: como capital de la Toscana, Florencia sigue siendo sinónimo de excelencia artesanal, especialmente en lo que respecta al trabajo del cuero. Sin embargo, la verdadera artesanía no consiste solo en trabajar con las manos, sino que es una actitud, una forma de pensar. Se trata de la imaginación, la pasión y el esmero que se ponen al crear algo. Y esta mentalidad sigue muy viva aquí. Los procesos han evolucionado, por supuesto, pero la esencia de la artesanía, ese espíritu centenario de excelencia y colaboración, permanece intacta.

También sus hermanos han interiorizado este respeto por la artesanía, ¿verdad?
Sí, absolutamente. Somos responsables de transmitir el gran valor que le damos a la artesanía, tanto a las personas que trabajan en nuestros talleres como a todos aquellos involucrados en el desarrollo y diseño de los productos. Es sorprendente que la edad media de los trabajadores de fábrica sea de tan solo treinta años. Pero también hay colaboradores de cincuenta y sesenta años que transmiten sus conocimientos a las generaciones más jóvenes. Actualmente estamos viendo una renovada pasión por el trabajo manual. ¡Espero que sea una tendencia real! Sin duda, existe una nueva conciencia sobre el valor del trabajo artesanal y un deseo generalizado de crear cosas con las propias manos.
¿Todos los productos de Ferragamo siguen fabricándose en Italia?
Sí, prácticamente al cien por cien, con muy pocas excepciones.
¿Cuántas personas trabajan para ustedes?
En la Toscana y en el resto de Italia contamos con una red propia de proveedores. Internamente, empleamos a unas cincuenta personas dedicadas a la creación de prototipos y al desarrollo de artículos. La producción en sí está a cargo de una serie de socios externos.

El hecho de seguir siendo una empresa familiar llena a nuestros trabajadores de un orgullo especial: el de formar parte de una historia única.
A nivel mundial, trabajan para su empresa 3585 especialistas. Además, gestiona 367 boutiques en más de 90 países. Hoy en día, la mayoría de las marcas de lujo pertenecen a grandes grupos como LVMH o Kering. Ferragamo es una de las pocas grandes firmas que sigue en manos de una familia. ¿Hasta qué punto representa esto un desafío y cuáles son sus ventajas?
La independencia siempre conlleva desafíos. Probablemente, no tengamos el mismo poder de negociación ni la misma escala que los grandes grupos, pero eso nos hace más creativos, flexibles y, en ocasiones, incluso más valientes. Todavía existen magníficas marcas independientes que permanecen en manos familiares: Chanel, Cucinelli, Zegna y Moncler. Son grandes nombres que, como nosotros, siguen su propio camino. El hecho de que sigamos siendo una empresa familiar llena a nuestros empleados de un especial orgullo: el de formar parte de una historia única.
En público, su familia siempre se muestra cohesionada y armoniosa, una actitud poco común en estos tiempos. Muchas empresas familiares que en su día fueron grandes suelen estar marcadas por fuertes desacuerdos internos. ¿Cómo han logrado mantenerse unidos?
La unidad es una gran fortaleza. Nos enseñaron que se gana también haciendo sacrificios personales y, a lo largo de la vida, hemos respetado esa regla. Mi madre fue siempre la fuerza motriz detrás de esta cohesión, aunque contó con el apoyo de todos nosotros. Cuando alguno de mis hermanos ha atravesado momentos difíciles, los demás siempre hemos estado ahí para ayudarlo. Esta unión ha marcado a nuestra generación y, aún hoy, intentamos mantenerla viva también en la tercera generación. No es fácil, pero sí absolutamente esencial.

¿Existe en su familia un plan definido para la sucesión de la próxima generación?
No, no existe una planificación precisa. Pero seis de las dieciocho personas que componen la tercera generación ya son parte activa de la empresa. James, el hijo de mi hermano Ferruccio, y Angelica, la hija de mi hermana Fulvia, trabajan conmigo. Diego, hijo de mi hermana Fiamma, está involucrado en el holding; Manuele, también hijo de Fulvia, se ha orientado hacia el sector inmobiliario y hotelero, y mi hijo Riccardo está a cargo de Europa Central. Ahora, nuestro reto es inculcar a esta nueva generación el mismo sentido de la cohesión que había entre mis hermanos y hermanas. El objetivo es fomentar un auténtico espíritu de equipo, tal y como lo experimentamos nosotros en nuestra juventud. Queremos dar a cada uno de ellos el espacio necesario para que demuestren sus capacidades.
Maximilian nos impresionó de inmediato. Con su elegancia, su sensibilidad y su respeto por el legado de nuestro padre.
Usted era muy joven cuando se incorporó a la empresa, al igual que su padre. Con el nombramiento del diseñador británico Maximilian Davis, de Mánchester, como nuevo director creativo, han aportado un aire fresco a la marca. ¿Cómo fue recibida esta decisión?
Revisamos sesenta candidaturas. Maximilian Davis nos impresionó de inmediato por su elegancia natural, su profundo respeto por nuestra historia y el legado de mi padre, y por su extraordinaria creatividad. También es una persona maravillosa: abierta, colaboradora y humilde. Para nosotros es fundamental que un creativo joven sepa escuchar y aprender para crecer junto con el equipo. Él reúne todas esas cualidades. Su incorporación ha sido clave para rejuvenecer la marca.


También fue un paso valiente prescindir del nombre de pila de su padre en el nuevo logotipo.
Sí, fue una decisión muy meditada; llevábamos años discutiéndola. En la era digital, el logotipo anterior, con el nombre completo de mi padre, resultaba poco legible y visualmente desfasado. Una investigación minuciosa en nuestros archivos confirmó que mi padre también utilizaba con frecuencia solo su apellido. El nuevo logotipo se inspira en una versión de los años treinta diseñada por Lucio Venna. Además, hemos actualizado nuestro color tradicional: el clásico rojo burdeos ha sido reemplazado por una tonalidad más fresca de rojo que mi padre ya utilizaba en los años cincuenta para los zapatos de Marilyn Monroe.
¿Por qué justamente el rojo?
El rojo representa a nuestra marca: corazón, amor y pasión.
Da la impresión de que usted ha sido el principal impulsor de este reposicionamiento.
Fui uno de los primeros en apoyarlo. Era un paso necesario, no un cambio radical, sino una evolución muy meditada. Requería valentía, pero, sin duda, fue la decisión correcta, tanto para el presente como para el futuro. Esta transformación también ha sido una gran fuente de inspiración para los miembros más jóvenes de nuestra familia.
¿Cuáles son hoy los mercados más importantes para Ferragamo?
Desde siempre, nuestro objetivo ha sido difundir la creatividad y la calidad italianas por el mundo. Hoy lo hacemos más que nunca. Fuimos una de las primeras marcas en establecerse en China, muchos años antes que la competencia. Actualmente, Europa desempeña un papel central, especialmente Alemania. En esta región, las personas tienen una comprensión más profunda del estilo y de la elegancia. América Latina está experimentando un fuerte crecimiento, pero nuestro mayor desafío hoy en día es Asia. Queremos transmitir al mundo entero nuestra combinación perfecta de belleza, innovación y funcionalidad, elementos fundamentales de nuestro ADN.
¿Qué artículos de su catálogo han sido grandes éxitos de ventas durante años?
Contamos con algunos productos icónicos, los llamados Ferragamo forever, como el bolso Top Handle o los zapatos de salón Vara con placa dorada, que ofrecemos regularmente a nuestros clientes. Pero también productos más recientes, como el bolso Hug, se han convertido rápidamente en nuevos iconos, en clásicos contemporáneos de Ferragamo.

¿Qué significa para usted el término «lujo»?
Prefiero explicar lo que el lujo no es. No se trata de ostentación, de excesos, ni de brillo superficial. El lujo es aquello que perdura. Está relacionado con sentirse bien: con el producto que se lleva puesto, con el servicio que se recibe y con el entorno en el que se vive. Es una cuestión de satisfacción personal, no de exhibición.
¿Su formación le proporcionó una comprensión más profunda del lujo hecho a mano?
Sin duda. Cuando uno ve desde pequeño con cuánto amor y dedicación se crea un producto, aprende a valorarlo de verdad.
Y, por último, ¿qué significa para usted la familia?
Sobre todo, amor. Un amor que se expresa de muchas formas: en la educación de los hijos, en la lealtad mutua, en las experiencias compartidas... También significa llevar en el corazón a cada miembro de la familia, acompañarse en los momentos importantes y valorar el tiempo juntos. Eso es lo que intento hacer cada día con mis cuatro hijos y mis dos nietos, lo mejor que puedo.

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