• 3 min leer
  • 10.12.2025
  • por Michaela Cordes

Détox en austria – la station thermale Vivamayr Maria Wörth

Pasarela de madera entre los juncos a orillas de un tranquilo lago; al final, una tumbona y una sombrilla blanca, junto a un barco a motor amarrado. Al fondo, colinas, la orilla y otra pasarela bajo la suave luz del atardecer.
Fotografía de: Vivamayr Maria Wörth
  • Edición

    01/26

  • Ubicación

    Lago Wörthersee, Austria

  • Fotografía

    © Vivamayr

Las estrellas de Hollywood renuevan su energía allí donde se desarrolló en su día la célebre cura F.X. Mayr. Una visita al Medical Health Resort Vivamayr junto al Wörthersee.

Tabla de Contenido

  1. Un suave reinicio en el lago Wörthersee

  2. El equilibrio comienza en el abdomen

  3. Nueva energía gracias al entrenamiento respiratorio

Un suave reinicio en el lago Wörthersee

El sol brilla sobre las aguas azul tinta del Wörthersee, un lago de unos 86 metros de profundidad. Por la ventana abierta se cuela el murmullo que llega desde la terraza, mientras la doctora Fink coloca diminutas porciones de gluten, huevo y otras sustancias sobre mi lengua. Luego me pide que empuje con todas mis fuerzas contra su brazo. A partir de mi reacción muscular, establece mi plan de alimentación para los próximos días.

Así comienza mi primera consulta en el Medical Health Resort Vivamayr Maria Wörth. Anoche me recogieron en el aeropuerto de Klagenfurt. Al pasar frente a un quiosco repleto de pretzels recién horneados y tabletas de chocolate, sonreí, consciente de que durante los próximos diez días esas tentaciones quedarían fuera de mi alcance. Toca renunciar. Después de meses de viajes, jet lag y estrés diario en aumento, mi digestión había empezado a resentirse. Por eso elegí el programa Prevent & Wellbeing, que busca fortalecer el intestino con la famosa cura F.X. Mayr.

Vídeo: Vivamayr Maria Wörth

Desde el momento del check-in, me impresiona el carácter internacional del lugar. No es ningún secreto que celebridades como Elizabeth Hurley, Kate Moss, Naomi Campbell e incluso Chuck Norris han pasado por aquí para recargar las pilas y que confían en los efectos curativos del método. «Nos visitan huéspedes de todas partes del mundo —me cuenta Serhan Güven, director general del resort. Antes, la prioridad era la desintoxicación clásica y la pérdida de peso. Hoy en día, nuestros huéspedes buscan alivio frente al estrés, el agotamiento o los problemas emocionales. La presión social ha aumentado, eso es innegable. Por eso nuestro equipo médico incluye ahora a dos psicólogos, que no tienen ni un solo hueco libre en sus agendas».

Moderno salón-comedor muy luminoso; puertas correderas hasta el suelo que dan a la terraza con vistas al lago, sofás claros, lámparas colgantes negras, techo de láminas de madera, televisor en la pared, esculturas sobre pedestales de madera.
Dos personas se relajan en una sauna con paneles de madera; delante hay una persona sentada con una toalla en el banco inferior, cerca de una ventana grande y luminosa, y detrás hay otra persona descansando en el banco superior.
Plato claro con dos lonchas de solomillo de ternera rosado sobre verduras salteadas de calabacín y calabaza, acompañado de trozos de setas marrones, puré naranja y hierbas frescas; cuchillo y tenedor a la derecha.

El equilibrio comienza en el abdomen

Pronto me doy cuenta de que no estoy sola con mis molestias. «Todos tenemos derecho a envejecer con salud —me dice más tarde el doctor Werner Zancolo, médico jefe del centro, citando al fundador de la cura F.X. Mayr—. El intestino marca cómo nos sentimos. Es la principal fuente de serotonina. Cuando se desequilibra, lo notamos también en el ánimo». Sus consejos suenan simples, pero cargados de lógica: «Consumir entre quince y veinte tipos distintos de frutas y verduras a la semana, apostar por una dieta rica en fibra, añadir prebióticos como las fibras de acacia… y, reducir el estrés».

Cada día en el resort está rigurosamente planificado. A las seis de la mañana me despierto con una vista de ensueño al lago. Lo primero es beber un concentrado de magnesio –más suave que la temida sal de Glauber– y practicar una limpieza ayurvédica de boca: consiste en enjuagarla durante unos minutos con aceite y luego escupirlo. A las ocho llega el desayuno: sin gluten ni azúcar, según la dieta anticándida. Junto a ello, tomo un preparado contra parásitos. Suena extraño, pero la doctora me aclara que cerca del ochenta por cien de las personas los tiene, muchas veces sin síntomas. Más tarde me espera el test de estrés en bicicleta estática: pedaleo hasta que me falta el aire para, luego, soplar en un tubo. El resultado confirma mi sospecha: estoy estresada. Mi organismo quema muchos más carbohidratos que grasa, una señal clara de tensión constante. Me recomiendan evitar entrena­mientos anaeróbicos prolongados, porque el cuerpo los interpreta como una alerta: «¡Estás en peligro!». Si esto continúa demasiado tiempo, corremos el riesgo de enfermar.

Hotel junto al lago bajo una intensa nevada; árboles y colinas nevados al fondo, cálidas luces en las ventanas; aguas tranquilas con reflejos en primer plano.
Una persona con un bañador blanco, una cinta para el pelo y guantes está de pie en una cámara fría, rodeada de niebla fría, sujetando la barra de la puerta; a la izquierda hay una pantalla y un panel de control azul brillante.
Lago tranquilo con una cálida luz de fondo; un largo embarcadero de madera con sombrillas blancas se adentra en el agua, al final hay dos personas. Veleros, colinas y juncos en primer plano.

Nueva energía gracias al entrenamiento respiratorio

Tras un almuerzo ligero pero delicioso, descubro una experiencia inesperada: una sesión de respiración guiada por una cantante de ópera profesional. Me muestra cómo la voz se resiente cuando la postura es deficiente o cuando arrastramos traumas. Incluso al pasar horas frente a las pantallas, ya sea en redes sociales o trabajando, tendemos a respirar menos y de manera superficial. Con paciencia me enseña ejercicios para entrenar la voz y expandir la respiración. La cena brinda la oportunidad de charlar con otras huéspedes: dos canadienses, una austríaca y una turca, cada una con su propia historia que la llevó hasta aquí. El día de mi partida, tras el examen médico final, dejo vagar la mirada por última vez sobre el encantador Wörthersee y advierto que me siento fresca y renovada.

Luminoso salón spa con grandes ventanas panorámicas con vistas al lago nevado; sofás y tumbonas, cálidas lámparas colgantes; una persona con un albornoz gris se acerca a la ventana.
Una persona con una toalla alrededor de la cabeza está tumbada en una camilla de spa y le están haciendo un masaje facial; tiene los ojos cerrados, se le ven las pecas y la manta le cubre hasta el pecho.
Estantería blanca con cuatro grandes recipientes de cristal con tapa de madera, llenos de hierbas sueltas (álamo temblón, trébol meloso, verbena limón, té verde). Delante hay dos vasos de té con soporte dorado y una tetera blanca con asa de madera.

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