
- 2 min.
- 16.02.2026

Edición
01/26
Ubicación
Lago Wörthersee, Austria
Fotografía
© Vivamayr
Las estrellas de Hollywood renuevan su energía allí donde se desarrolló en su día la célebre cura F.X. Mayr. Una visita al Medical Health Resort Vivamayr junto al Wörthersee.
El sol brilla sobre las aguas azul tinta del Wörthersee, un lago de unos 86 metros de profundidad. Por la ventana abierta se cuela el murmullo que llega desde la terraza, mientras la doctora Fink coloca diminutas porciones de gluten, huevo y otras sustancias sobre mi lengua. Luego me pide que empuje con todas mis fuerzas contra su brazo. A partir de mi reacción muscular, establece mi plan de alimentación para los próximos días.
Así comienza mi primera consulta en el Medical Health Resort Vivamayr Maria Wörth. Anoche me recogieron en el aeropuerto de Klagenfurt. Al pasar frente a un quiosco repleto de pretzels recién horneados y tabletas de chocolate, sonreí, consciente de que durante los próximos diez días esas tentaciones quedarían fuera de mi alcance. Toca renunciar. Después de meses de viajes, jet lag y estrés diario en aumento, mi digestión había empezado a resentirse. Por eso elegí el programa Prevent & Wellbeing, que busca fortalecer el intestino con la famosa cura F.X. Mayr.
Desde el momento del check-in, me impresiona el carácter internacional del lugar. No es ningún secreto que celebridades como Elizabeth Hurley, Kate Moss, Naomi Campbell e incluso Chuck Norris han pasado por aquí para recargar las pilas y que confían en los efectos curativos del método. «Nos visitan huéspedes de todas partes del mundo —me cuenta Serhan Güven, director general del resort. Antes, la prioridad era la desintoxicación clásica y la pérdida de peso. Hoy en día, nuestros huéspedes buscan alivio frente al estrés, el agotamiento o los problemas emocionales. La presión social ha aumentado, eso es innegable. Por eso nuestro equipo médico incluye ahora a dos psicólogos, que no tienen ni un solo hueco libre en sus agendas».



Pronto me doy cuenta de que no estoy sola con mis molestias. «Todos tenemos derecho a envejecer con salud —me dice más tarde el doctor Werner Zancolo, médico jefe del centro, citando al fundador de la cura F.X. Mayr—. El intestino marca cómo nos sentimos. Es la principal fuente de serotonina. Cuando se desequilibra, lo notamos también en el ánimo». Sus consejos suenan simples, pero cargados de lógica: «Consumir entre quince y veinte tipos distintos de frutas y verduras a la semana, apostar por una dieta rica en fibra, añadir prebióticos como las fibras de acacia… y, reducir el estrés».
Cada día en el resort está rigurosamente planificado. A las seis de la mañana me despierto con una vista de ensueño al lago. Lo primero es beber un concentrado de magnesio –más suave que la temida sal de Glauber– y practicar una limpieza ayurvédica de boca: consiste en enjuagarla durante unos minutos con aceite y luego escupirlo. A las ocho llega el desayuno: sin gluten ni azúcar, según la dieta anticándida. Junto a ello, tomo un preparado contra parásitos. Suena extraño, pero la doctora me aclara que cerca del ochenta por cien de las personas los tiene, muchas veces sin síntomas. Más tarde me espera el test de estrés en bicicleta estática: pedaleo hasta que me falta el aire para, luego, soplar en un tubo. El resultado confirma mi sospecha: estoy estresada. Mi organismo quema muchos más carbohidratos que grasa, una señal clara de tensión constante. Me recomiendan evitar entrenamientos anaeróbicos prolongados, porque el cuerpo los interpreta como una alerta: «¡Estás en peligro!». Si esto continúa demasiado tiempo, corremos el riesgo de enfermar.



Tras un almuerzo ligero pero delicioso, descubro una experiencia inesperada: una sesión de respiración guiada por una cantante de ópera profesional. Me muestra cómo la voz se resiente cuando la postura es deficiente o cuando arrastramos traumas. Incluso al pasar horas frente a las pantallas, ya sea en redes sociales o trabajando, tendemos a respirar menos y de manera superficial. Con paciencia me enseña ejercicios para entrenar la voz y expandir la respiración. La cena brinda la oportunidad de charlar con otras huéspedes: dos canadienses, una austríaca y una turca, cada una con su propia historia que la llevó hasta aquí. El día de mi partida, tras el examen médico final, dejo vagar la mirada por última vez sobre el encantador Wörthersee y advierto que me siento fresca y renovada.



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