
- 2 min.
- 16.02.2026
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Edición
03/25
Ubicación
Marbella, España
Fotografía
Finca Cortesin
Escaparse unos días... Una opción especialmente lujosa e inspiradora le espera en la espectacular Finca Cortesin. Un fragante oasis con encanto señorial cerca de Marbella, que también gusta a huéspedes sin hándicap de golf.

Apenas asoma el sol por el horizonte. El aroma a jazmín, lavanda y azahar me acaricia con la fresca brisa matutina. Observo cómo la gran bola de fuego color escarlata se alza lentamente en el cielo. A mi alrededor, los pájaros revolotean de un lado a otro, cantando con fuerza como si quisieran dar la bienvenida al nuevo día. Rápidamente me envuelvo en el mullido albornoz y descorro las cortinas de seda. Salgo a la espaciosa terraza de mi suite; delante de mí, la piscina cristalina, enmarcada por buganvillas color rosa y púrpura; alrededor, olivos centenarios con sus hojas verde plateado. Una panorámica que no me canso de contemplar. Me pido un café con leche y durante la próxima hora no me muevo del sitio.
Soy huésped de la Finca Cortesin, uno de los complejos hoteleros más espectaculares de Europa. El resort está ubicado a unos cincuenta minutos en coche del aeropuerto de Málaga, más o menos a medio camino entre Marbella y Sotogrande. Un oasis de 532 hectáreas que lo tiene todo: una exquisita oferta culinaria, paz y tranquilidad junto a sus piscinas y recorridos deportivos en el campo de golf propiedad de la casa. Incluso su boutique Bakar, con selectas piezas de colecciones internacionales, está tan bien surtida que hacer shopping en las tiendas locales puede quedar para otro día.
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La Finca Cortesin fue diseñada por los renombrados interioristas Duarte Pinto Coelho y Lorenzo Castillo, quienes combinaron con gran maestría antigüedades portuguesas, españolas, marroquíes y británicas. Las 67 suites (de 50 a 200 metros cuadrados) inundadas de luz, con techos de hasta cuatro metros de altura y magníficos baños de mármol, se agrupan alrededor de los típicos patios del sur de España. La imponente casona encalada de dos plantas está rodeada de viejos olivos y esbeltas palmeras.
El edificio, construido hace tan solo dieciséis años en el típico estilo rústico andaluz, rinde homenaje al rico patrimonio arquitectónico de la península ibérica: los suelos de piedra provienen de un monasterio portugués del siglo XVIII, y las antiguas puertas de madera con herrajes son piezas únicas y maravillosas que proceden de edificios históricos de toda España.

Para los huéspedes que prefieren algo más de intimidad, también se ofrecen villas independientes de cuatro a seis dormitorios con jardines de hasta 2200 metros cuadrados. Quienes no quieran ver el mar solo desde la distancia de su habitación y de su propia terraza pueden desplazarse a la costa en cualquier momento. A solo unos minutos en lanzadera del hotel (1,5 kilómetros), se extiende la bahía de Casares. En esta playa, los huéspedes encontrarán el Beach Club del complejo turístico, de 6000 metros cuadrados, con un restaurante de alta cocina. Y aquellos a los que no les guste nadar en el mar tienen a su disposición una piscina infinita de 35 metros de largo, paralela a la línea del Mediterráneo.

Sin embargo, lo más destacado de la Finca Cortesin es el espectacular jardín del hotel, que abarca 23 000 metros cuadrados. El arquitecto paisajista británico Gerald Huggan creó aquí una obra maestra. En este lugar se fusionan la tradición andaluza y el diseño moderno en una sinfonía de colores y aromas. Olivos centenarios, buganvillas de vivos colores y docenas de rosas blancas aportan toques vibrantes. Especialmente evocadores resultan los grandes patios interiores, engalanados con jazmines, lavandas y naranjos que desprenden un embriagador aroma hasta bien entrada la noche. La simetría de la disposición, combinada con las altas palmeras y las elegantes macetas de terracota, crea una armonía que nos hace olvidar el paso del tiempo. Las fuentes y los estanques de agua, en los que se refleja la luz, confieren a los jardines una tranquilidad casi meditativa, como si la naturaleza susurrara al huésped con el fin de invitarle a relajarse.

La variada y exclusiva oferta culinaria del hotel conforma también un universo en sí mismo: seis restaurantes, entre ellos el REI, dedicado a la fusión de cocina japonesa y mediterránea, y el famoso Don Giovanni, de cocina italiana. El desayuno a la carta se sirve en el restaurante El Jardín de Lutz, del chef alemán Lutz Bösing, mientras que el Beach Club, situado a pie de playa, ofrece al mediodía especialidades de carne y pescado a la parrilla y marisco. Y quienes quieran mantenerse activos pueden disfrutar del campo de golf de 18 hoyos.
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